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LA VERGÜENZA AIREADA

No hay artificios en “Ayer, no te vi en Sarajevo”. Pilar Salamanca se apoya en la poesía para interpelar(nos), para agitar(nos), para permitir que muertos y vivos se encuentren en la ciudad que marcó el final del siglo XX europeo y nos recordó –aunque ya lo hayamos olvidado – las capacidades que cohabitan en los seres humanos: por un lado, causar dolor en nombre de valores innombrables y, por otro, resistir a la barbarie sin escudos ni medallas”

Colectivo La Vorágine

Santander, diciembre de 2017

 

 

 

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En la cara más oscura de la luna

estallan los obuses mas los pájaros, 

todo hay que decirlo,

despiertan siempre a la misma hora 

Y sin embargo es la guerra. Cada día,

todos los días, desde hace cuatro años.

Tan metódicamente sangrienta

como una rutina cualquiera.

 

La guerra es tan sólo una palabra,

una palabra cualquiera.

ni más ni menos.

Digo que los pájaros despiertan

y son palomas ¡que asco! como ratas.

Antes, cuando todavía era antes,

no las veíamos ahora, en cambio,

nos las comemos.

A las ratas, a las palomas. Están aquí.

Sarajevo fue siempre su ciudad

y a veces,

también

la nuestra.

 

DALMA

Digo que se llamaba Dalma y vivía 

de la caridad brutal y voluble de los borrachos.

Ocho años tallados en madera de cerezo, 

sus dedos, plumas, entre pétalos de flores blancas 

que por la noche vendía a la puerta del café.

Luego, el primer día de la guerra,

la bala de un sniper le atravesó la garganta

es por eso, digo,  

que ya no está entre nosotros 

Su cuerpo, un túmulo de tierra removida. 

Mínimas rosas, añicos de cristal, ojos de gato.

Que yo sepa, ningún otro objeto suyo nos fue legado 

por la avaricia de los asesinos. 

Y nada. Apenas nada más.

Luego sí. Veinticinco años después de su muerte, sí.  

Tres meses después de conocer su historia, sí:

La terrible nostalgia de su ausencia.

No más canciones, no su voz en los callejones, 

no sus cenizas sobre el Neretva 

ni tampoco ninguna visita a las traseras de la mezquita

donde alguien sobre una plancha de madera, 

escribió su nombre con un rotulador negro

 

DALMA,  8 años.

Y apenas nada. Nada más.

 

 

31/05/2018 0 comment
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