A veces suceden cosas

por Pilar Salamanca

Un barco, el Bahri Yanbu, trastea con viento sur frente a nuestras costas por ver si en Bilbo o en Santander le permiten hacer lo que Amberes no aceptó antes que hiciera, es decir, aparcar un rato los muy hijos de la Gran y cargar aquí armas con las que seguir masacrando al pueblo del Yemen.

En menos de 48 horas y gracias a los activistas de la Plataforma “La Guerra Empieza Aquí” (vasca) y a los de Pasaje Seguro (Santander) se ha montado una manifestación en la Plaza del Teatro Arriaga. Y se lee un comunicado. Y se corean consignas. Y las cien personas que se han reunido allí se sonríen tristemente al ver que son tan pocas y dicen: «lástima de poca gente pero nosotros lo único que podemos hacer es hacer lo que tenemos que hacer”. Con toda la razón.

Pero sobre todo pienso que cosa diría a esos conciudadanos democráticos que andan por ahí tomándose un chiquito o jugando al fútbol en la playa: ¿Por qué no dicen nada? Les preguntaría ¿Acaso tenemos miedo?Yo pienso en montar un escrache en Fomento o hacer ruido no más sea con petardos porque es domingo y hace sol y a la gente le importa un huevo y parte del otro lo que pasa en el Yemen por mucho que esta sea “la mayor catástrofe humanitaria del mundo”.

Pero ¿de qué tenemos miedo por el amor de dios?

Nosotros que sabemos que somos parte de los pueblos que dominan el planeta y lo sabemos con un saber que tenemos enterrado en los pliegues del alma, un saber que trasmitimos como una herencia.

Nosotros, que sabemos bien y desde siempre todos los crímenes que se han cometido y cometen en nuestro nombre o con nuestra complicidad.

Nosotros, que aunque tengamos miedo nos empeñamos en seguir manteniendo nuestra comodidad sabiendo por supuesto que esta comodidad es un privilegio – somos blancos, tenemos privilegios – y el primero y más precioso de todos ellos es la (nuestra) vida, valiosa de toda validez y que protegemos a base de moralina, de leyes y de armas que también fabricamos para que otros acaben con las de los demás, unas vidas que no son ni la mitad de valiosas que las nuestras pues aparte de ser de colores, pillan en casa dios.

Sí, nosotros que ni siquiera nos atrevemos a organizarla porque, al fin y al cabo – ¿verdad Autoridad Portuaria? ¿Verdad Sr. Ministro de Fomento? – en este país hay cosas más urgentes que acabar con la enorme tragedia humanitaria del Yemen, nosotros, miramos para otro lado.

Oh no, el problema no es ni ha sido nunca el barco saudí, el problema somos nosotros.

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