Algo no va bien

por Pilar Salamanca

Lo veo y no lo creo.

Todos los participantes en la Elección hablan como actores aficionados. Toman aliento, hacen pausas en los lugares menos indicados. Se repiten, se repiten, se repiten y al hablar como robots convierten la Elección en algo mecánico. Tan mecánico como el funcionamiento de una grúa (no neumática). Y por si fuera poco los actores de la cosa son malísimos. No llevan el papel ensayado. O sí, pero no se nota. Lo que dicen suena a cuchufleta. Y para colmo, entre todas las personas que han destruido el país, entre los caudillos, los milicos, los sionistas (en modo hermafrodita), los racistas, los ladrones, los granujas voluntarios no hay uno solo que reconozca “soy culpable” o “lo he hecho de puta pena”.

Claro que también hay que reconocer que nunca antes oí esa frase, tampoco la he oído ahora ni, me temo, la oiré después. Porque lo único que han hecho esos hampones es cumplir con su trabajo. ¿Han dejado morir detrás del Muro a mucha gente? No. ¿Han devuelto los niños concentrados a sus padres? No, todavía no, los niños siguen -solos- en la frontera. ¿Se sienten culpables por haber echado atrás la mínima seguridad Social programada en la anterior Legislatura? No. Por supuesto que no.

Y en medio de todo este pandemónium me pregunto ¿qué pasa con los cientos de miles de personas anónimas sin cuyo fogoso apoyo este desteñido salvapatrias jamás hubiera podido estar ahí? ¿Qué pasa? ¿También se sienten culpables? ¿No? ¿Sí? En estos últimos cuatro años ¿Dónde están los políticos, asesores, diplomáticos tipo Kissinger, y demás funcionarios de los servicios diplomáticos, una ralea que, además de ganar una pasta gansa como saltabardales, ahora que han perdido van y se coronan a si mismos como héroes? De verdad ¿quieren saber donde están? Yo se lo digo: buscándose un curro en la ONU o, ya que estamos, en cualquier otra institución internacional para acabar jodiendo al resto del mundo una vez que estén allí. ¿Se sienten ellos culpables?

Pues no, ya lo he dicho antes, ellos solo hacen su trabajo. El policía que ahogó de un rodillazo a un ciudadano negro hace unos meses, también hacía su trabajo. El reportero gráfico que fotografió la muerte sin que se le ocurriera ni por un instante aplicarle a aquel bastardo de uniforme un buen golpe de karate en la nuca, también hacia su trabajo. Nosotros que hoy hemos visto la Función sentados frente al televisor también, de alguna manera, hacemos nuestro trabajo por mas que sepamos bien que lo que tenemos ante los ojos no es más que una imagen pervertida de la realidad en la que todos, también pervertidos, participamos. Porque en este mundo on-line ¿qué quieren que les diga? nadie es de verdad culpable. El crimen es irreal. Los bastardos que llevan a cabo esos crímenes también son irreales. Todo es irreal. Excepto el dolor, claro. El dolor que sentimos es el único, el auténtico testigo mudo de este mundo inservible, un dolor ciego mudo y sordo que nos dice que algo no va bien.

También podrías leer...