Ilotas

por Pilar Salamanca

Así nos quieren y, en efecto, en eso hemos terminado:

personajes de una realidad política perfectamente disociada donde, reconvertidos en ilotas, los ciudadanos hemos pasado a ser esclavos de los lacedemonios, esa tribu de poderosos papers, consejeros, asesores, sondeos, estadísticas, líderes varios y la madre (“Democracia”) que los parió. Una madre o sistema que consiste, mayormente, en consultar de vez en cuando al puto pueblo si queremos o si no queremos lentejas porque si no las queremos…  vale, que las dejemos, dicen.

No es de extrañar que tantos se muestren indiferentes o que el personal se desinterese de la clase política por más que siga “disfrutando” (lo digo irónicamente) con el espectáculo de la disfunción, de la corrupción de una clase política formada mayormente (que no toda) por una panda de apesebrados al estilo del tal Carromero y de otros depredadores y especuladores por el estilo.

¿Quién dijo lo de la imaginación al poder? ¿quién fue el profeta? Y lo de que “debajo de los adoquines, está la playa “¿a quien se le ocurriría?

Lo cierto es que jamás hubo ninguna imaginación en el poder e ideas como estas nos hicieron (a algunas) mucho daño porque, bueno, nos las creímos a pies juntillas. Y conste que lo digo sin rencor, pero claro, ya a estas alturas la pena es enorme porque tal y como se perfila España (sí, España, ¿pasa algo?) echo una ojeada alrededor y no veo ningún país sino más bien un modelo de simulación proyectado en plena desertificación social, una realidad virtual que es preciso asumir porque…. no tenemos otra cosa: ni imaginación, ni playa y si te descuidas, ni siquiera adoquines.

Así que caeremos en sus redes, en las redes de este modelo de simulación, como hemos caído en Internet o en las cadenas de alimentos congelados. Estas cosas tienen lugar de todas las maneras, siguen su curso pese a cualquier sentimiento en contra. Las decisiones que más nos afectan seguirán tomándose, circulando entre las élites, los expertos y los estrategas sin consideración ninguna para lo que pensemos los ilotas.  Nuestra impotencia  es total precisamente a pesar de, o en función de, la información que n os satura.

Lo vemos por ejemplo en Palestina:

odo el mundo sabe – y los medios lo dicen claramente – que Israel es un estado de apartheid, un estado genocida y, sin embargo, la limpieza étnica sigue su curso. La información es total, pero no hay ninguna consecuencia.

Se podría decir que el consenso y la cobardía colectiva encuentran su coartada en esta información general.

Lo mismo aquí. Con la corrupción, los fondos buitre de Ana Botella, los ahorrillos de Pujol en Andorra y más y más. El miedo (transubstanciado en voto útil) desempeña el papel de un escalpelo que en todos los países del mundo separa el poder de cualquier voluntad colectiva.

Pero en esta fractura entre los ilotas y las élites o casta resulta vano e inútil irse por la tangente con lo de: “a mí la política no me va”; o buscar una salida en “no hacer nada” o en el “yo no voto” y en la manida disculpa de que “todos los políticos son iguales”.

Porque lo siento chicos y chicas, siento desilusionarles: No tenemos las cosas fáciles, pero “todos los políticos” NO son iguales. Los hay peores. A las pruebas me remito…

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