Los que la pifian

por Pilar Salamanca
Cerdo

Nunca la cooperación internacional fue tan deficiente. Nunca las desigualdades tan grandes. Nunca el cinismo de los grandes países, las grandes corporaciones y las farmacéuticas mas escandaloso.

La gran inmunización ha empezado y ustedes, grandes bucaneros siguen ahí. Haciendo de su capa un sayo. Pero, aunque a ustedes les traiga al pairo, nosotros-algunos les reconocemos entre miles. Conocemos sus falsas pretensiones que son pura traición. Sus autoproclamados esfuerzos para combatir el virus que tanto les beneficia.

Con cuanta energía proclaman sus hallazgos ¡que cinismo el suyo mas insoportable! Que lo sepan todos: cuanto más pontifican, cuanto más se distinguen, mas sospechosos resultan. Sus vacunas, esas que no quieren compartir con nadie si no es a precio de sangre y oro han saltado ya de los laboratorios a los hospitales del puñado de países que pueden permitírselas por más que como dijese hace unos días Michelle Bachelet, “No estamos yendo por el buen camino” Y no estamos en el buen camino ¿me oyen? porque los gobiernos de los países pobres no pueden, señores de Pfizer, pagar sus precios.

Es inaceptable que casi un millón de niños mueran cada año de neumonía, a pesar de que exista la vacuna que podría salvarlos. Una vacuna – y ahora no estoy hablando del reciente invento contra el Corona – que inmunizaría a los que mas lo necesitan ya fueran niños o adultos contra 13 tipos diferentes bacterias neumocócicas. El método de fabricación que Pfizer está tratando de patentar casi de forma pirata, es demasiado elemental para que le otorguen una patente sin contar con que una concesión como esta solo serviría para garantizar durante muchos años mas la extensión de su monopolio en el mercado y por tanto, un mayor numero de muertes entre los mas débiles.

Así que no, ustedes señores propietarios del monopolio farmacéutico Pfizer no tienen mucho de que estar orgullosos.

Ni siquiera por haber conseguido ser uno de los primeros en fabricar no sé si la vacuna mas eficaz, pero si, una de las mas caras. Porque, en palabras también de Bachelet “esta vacuna debería ser declarada patrimonio universal, hacer de ella un bien público y lograr así que esté disponible para todos a un precio adecuado”.

Aunque mucho me temo que no va a ser así. Mucho me temo que ustedes y los de su cuerda han renunciado a privar a los cerdos de su trono (véase Rebelión en la Granja) y les han ofrecido lealtad, sumisión y el culo en pompa para su mayor gloria – la de ellos – y sonrojo – el de ustedes.

Ustedes que han abandonado (hace mucho tiempo) el sueño revolucionario de la fraternidad universal al aceptar los pactos del tío Gilito y colocando a los ricos, como cuerpo legítimo de la nación, en alto y a los parias de siempre, abajo. Ustedes, ya se sabe como tapón justo en el medio. En un incierto punto intermedio, debería añadir porque aunque reconozco que ser un monopolio es mas glamuroso que ser una ONG, no olviden que los monopolios se encuentran también a merced de los caprichos del mercado.

Yo, al menos, sujeto de ese mercado, el día que me toque y en el hipotético caso que me dieran a elegir la marca de la vacuna – cosa que por supuesto no harán- escogería sin dudar cualquier otra que no fuera la suya. ¡Imaginen, imaginen por un momento, un continente, unos cuantos, haciendo la misma gracia!

Ilustración: Leo Senatore (@leosenatoreart)

Artículo publicado en El Faradio el 21/01/2021

También podrías leer...