Mamis

por impala

Ahora que con el corona andamos todas como piojos en costura (bueno todas no, solo algunas) compartiendo el poco espacio vital que nos quedaba con hijos/hijas que se han convertido en los reyes del mambo…

Ahora que en pleno proceso de reciclaje las madres sirvientas se han vuelto madres- totales, super-madres dispuestas a cargar casa, profesión e hijos sobre sus espaldas sin olvidar por supuesto a esas otras mamis, las prepotentes, que además de engendrar como conejas nos obligan a las demás asumir sus hijos como si fueran nuestros…

Ahora que las mujeres (algunas) habíamos logrado que nuestras parejas (también conocidas como progenitores) asumieran una paternidad mas o menos consecuente…

Ahora que gracias a la enseñanza de las gurus feministas habíamos comprendido (algunas) que la maternidad puede no deberse solo a la influencia de las hormonas, sino que es más bien una “construcción cultural”, una especie de disco demográfico rayado que exige o estimula en cada vuelta y de una manera extrañamente acompasada que sigamos pariendo pase lo que pase…

Ahora que nos habíamos negado aceptar el dogma de que una mujer pueda estar incompleta si no tiene hijos (como si los hijos fueran una extensión de su cuerpo, un pedazo de su identidad o, simplemente, un pie) …

Ahora que habíamos conseguido silenciar por un rato no solo a machos, curas y suegras sino también a las madres militantes.

Ahora que habíamos logrado – o eso creíamos – acallar el potente vibrato del patriarcado compuesto por un coro de sopranos, barítonos, tenores y bajos empeñados en cantar las muchas ventajas de ser una gallina clueca.

Ahora que por fin habíamos mandado al desván a las vetustas religiones (todas) empeñada en hacernos tragar a palo seco el dogma del creced, multiplicaros y llenad la tierra de hijos y cuantos más mejor….

Ahora que (por si no teníamos bastante) el rechinante reclamo de lo materno nos apremia con una nueva andanada de requisitos para ser – no se lo pierdan – mejores madres volviendo al parto sin anestesia, alargando la lactancia, imponiendo el co-lecho, el perpetuo acarreo de niños a todas partes (sesiones del Parlamento incluidas…).

Ahora sí, ahora … va y llega corona para jodernos si cabe un poco más.

Y hacer que estas mujeres-profesionales, mujeres-obreras, mujeres- intelectuales, mujeres-madre, que están obligadas a seguir volviendo por las tardes o por las noches a sus casas (cuando no se quedan dentro las 24 horas) para seguir trabajando y sirviendo a sus hijos a veces con pero la mayor parte de las veces sin la ayuda de sus parejas, se vuelvan locas al comprobar que por cansancio, por el qué diran, por vergüenza o por comodidad son incapaces de transformar su infelicidad en acción política.

Yo pienso que sería un error cruzarse de brazos o resignarse y aceptar que es “lo que toca” (lo tengo oído muchas veces). Creo, por el contrario, que tenemos que seguir con los ojos bien abiertos ante los retornos recurrentes de tanto ángel maléfico, que necesitamos seguir saliendo a la calle (cuando nos dejen, si nos dejan y si no nos dejan, también) a exigir cambios y a pelear condiciones mas justas para todas nosotras incluidas, por supuesto, las mujeres-madres.

Dicho esto, la próxima vez que oiga al PP o Vox decir que la pandemia tiene algo que ver con las manifestaciones del día 8, les escupo.

Publicado en El Faradio, 27 de  marzo de 2020.

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