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Ha trabajado como Redactora y colaboradora del NORTE DE CASTILLA (Valladolid) hasta 2010. También ha colaborado en otros periódicos locales y nacionales entre los que se encuentra el DIARIO REGIONAL, EL MUNDO  DE VALLADOLID, DIARIO. ES Santander (2017) y de las revistas: PALENQUE, TAMARA, CRONICA-7, PAZ  editadas todas ellas en Valladolid. Y los nacionales EL SOL y EL PAIS. Durante 2005 fue redactora de 20MINUTOS, Valladolid.

Desde 2013 a la actualidad colabora en el periódico digital Último Cero en la sección “Corrígeme si acierto”. Los siguientes artículos corresponden a esta columna de opinión.

Merde

(Último cero, 8 Julio 2019)

Sentir prudentemente, pensar prudentemente, decir prudentemente, comer prudentemente, existir prudentemente. Y una merde.

Y después, asumir el silencio como conducta. Un “acallamiento”, un sano “cierra el pico” como dicen los patriarcas. Unos patriarcas que adoran negar la realidad cotidiana y al hacerlo, nos reprimen /nos suprimen mientras ellos, entretanto, hacen un esfuerzo olímpico para demostrar que la lucha de las mujeres ha triunfado hace tiempo y que nunca como ahora habíamos estado tan presentes en las esferas públicas y gozado de tantísimos derechos. Que de qué nos quejamos todas. Que qué queremos más.

Más, no. Todo. Lo queremos todo. O dicho de otra forma papaítos: Ni un paso atrás.

Y porque ya nos hemos dado cuenta que la mejor forma de negar un problema es callarlo, vamos a hablar. Y porque ya nos hemos dado cuenta que es muy fácil caer estúpidamente en la ilusión de creer que lo que NO se dice, puede de hecho no existir, vamos a decirlo:

Sus palabras son una perfecta merde.

Ustedes, los partidos-empresas, los fascistas del tercer milenio, los VOX que votan (perdón, que vomitan) y los nuncios de variado pelaje que tiran la piedra y esconden la mano son unos saurios y por mucho que alaben a la familia y al ecologismo (les encanta limpiar los parques y de paso acusar a los drogo- dependientes), por mucho que recojan alimentos (solo para españoles), por mucho que vayan de enrollados y revindiquen a Passolini, por mucho que lean a Gramsci ya no engañan a nadie. Y nadie es nadie para que lo sepan.

Pero no nos descuidemos porque si no avanzamos hacia ese lugar desconocido que es la revolución de los géneros ya sabemos, exactamente, hacia dónde vamos a parar: un Estado patriarcal y omnipotente que infantiliza no solo a las mujeres sino también al resto de los ciudadanos, que interviene en todas nuestras decisiones y que por nuestro propio bien, con la excusa de protegernos, nos mantiene en la ignorancia y en el miedo a los castigos mientras el tratamiento de favor – y aquí quería llegar – reservado hasta ahora a las mujeres y basado en el silencio, podría así extenderse a todos. Pero sospechemos. De ese tratamiento sospechemos porque el poder que otorga un Estado enfermo es, forzosamente, un poder sospechoso. Condescendiente. Ahora son muchos los que pretenden convencernos de que el combate feminista es más bien algo secundario como si fuera un deporte de ricos sin pertinencia ni tampoco urgencia ante tantas otras discriminaciones y desastres. Pero no. Haría falta ser idiota o asquerosamente deshonesto para no darse cuenta que patinan.

A ver si se estrellan.

Místicas patriarcales

(Último cero, 9 Junio 2019)

Que abarcan, como no, mi cuerpo y el de todas las que están en contra de esa mística patriarcal de la maternidad que tanto valora nuestros úteros. ¡Oh, la maternidad! Porque ¿dónde está escrito que parir sea un derecho? ¿Donde que haya que dedicarse a la mamadera cuando tenemos tantos deberes cruciales que cumplir y no, por supuesto, con los demás sino solo – y quizá por primera vez en la historia – con nosotras mismas?

Revindico – yo que tengo dos hijos maravillosos – el derecho a NO querer tenerlos. Y por eso, una pregunta: ¿Qué es de las mujeres que se niegan a aceptar el papel de madre? ¿Qué pasa con ellas, con las que se van?

La respuestas – ni siquiera a día de hoy- tienen mucho de optimistas.

Diría incluso que nada.

Que son más bien radicales en su pesimismo de corte marxista.

Pero si, nosotras – ángeles esperpénticos – queremos acabar con esa mística de la maternidad (de la que por cierto somos cómplices) más nos valdría encontrar la manera de atacar – radicalmente atacar – las bases de una estructura económica que nos tiene cogidas – por el moño. Porque si no entendemos que este problema y los demás (vientres de alquiler, prostitución …) tienen el mismo origen a saber, el sistema capitalista, vamos de ala y no llegaremos nunca a ninguna parte.

Dicho esto, aceptemos que la solución no es sencilla.

Que habrá que educarse en lo político y acceder a alguna clase de poder que nos permita romper las invisibles cadenas que subyugan a la mujer en todos los espacios mientras aprendemos a vislumbrar los hilos que nos controlan.

Y, aun así:

Reconocer que las posibilidades que tenemos de sufrir un desengaño son mayúsculas y que la mujer con aspiraciones que no encuentra sitio en ningún espacio alternativo ya sea la casa, la escuela, el trabajo o la consulta médica (todos ellos baluartes de la convención es) es y seguirá siendo, el pan nuestro de cada día.

Porque, queridas, la verdad es que NO EXISTE un afuera.

Y la puerta que se cierra es más bien giratoria.

Si aceptamos que las distintas y múltiples facetas de la mujer se solapan y que las mujeres-profesionales /las mujeres-obreras/ las mujeres-intelectuales y las mujeres-madre son todas y la misma; que todas volvemos por la noche al hogar para seguir atendiendo a los hijos a veces con la ayuda de nuestras parejas, a veces – muchas – solas; y que no tenemos ni siquiera el respaldo de la misma sociedad que nos impulsa a procrear o a comprar niños (¿?) y que celebra sin pudor el rol materno mientras, al mismo tiempo, nos pone la zancadilla y oculta con astucia la difícil realidad que se oculta detrás.

Por lo que ¿Qué clase de realidad es ésta? ¿De qué estamos hablando?

Digamos que estamos hablando de la creciente frustración al no saber convertir nuestro hartazgo y nuestra ira en acción política (Lo personal SIEMPRE es político)

Por cansancio. Por vergüenza. Por comodidad (en eso también somos cómplices).

Pero que mientras queden fuerzas seguiremos con los ojos abiertos y saldremos a la calle para exigir cambios y condiciones justas para todas. Incluidas las madres. De eso estamos hablando.

Nuestro alfabeto

(Último cero, 12 Mayo 2019)

MELANIE THOMPSON, SUPERVIVIENTE DE PROSTITUCIÓN. | COMISIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN DE MALOS TRATOS A MUJERES

Melanie Thompson (USA) activista y recién graduada en Trabajo Social, es una mujer de 22 años, superviviente de trata y explotación sexual que tenía 12 cuando la secuestraron y posteriormente violaron, a la salida de un cine. Pasó ocho largos años esclavizada.

Es un milagro que consiguiera escapar.

Porque la violación – dice V. Despentes – es el ABC del método. El método que fabrica las mejores putas. Ellos lo saben. Por más que muchas de nosotras, las mujeres, sigamos creyendo obstinadamente que es algo extraordinario y periférico, fuera de la sexualidad y, además, evitable que concierne solo a los agresores y a las victimas cuando, por lo que se ve y Manadas aparte, NO es así. Es algo que se encuentra en el centro, en el corazón mismo de la Sexualidad, del Arte, de la Literatura (en Las Metamorfosis de Ovidio los dioses se la pasan queriendo tirarse a mujeres que no quieren) y también, desde luego, como arma de destrucción masiva en todas pero que en todas las guerras, como un programa político preciso, la célula primigenia del capitalismo, la representación cruda y directa del ejercicio del poder, una parte esencial de la condición femenina y su alfabeto porque es lo único que – hasta ahora –las mujeres no han conseguido reapropiarse.

Luego, por supuesto, están las fantasías. Porque hay que reconocer que la fantasía de la violación existe. La fantasía sexual vestigio de una educación religiosa bastante subidita de tono: esas santas atadas, quemadas, con las tetas en una bandeja. Esos arrebatos místico-festivos (véase la Santa Teresa del Bernini), ese San Sebastián atado a un árbol. Oh, sí, de acuerdo: todas no somos todas iguales, pero reconozcamos que al ser muchas, las hay para todos los gustos. Gustos que desde luego no serán lo más importante pero tampoco una casualidad. Reconozcámoslo, que nos atraiga precisamente lo que nos destruye, es el método más infalible para apartarnos del poder.

Pero volviendo al principio. Volviendo a Melanie. A ella, la detuvieron – por puta- al poco de caer en las redes: seguía teniendo 12 años. El Tribunal desde luego descubrió quien era su proxeneta, pero ni el juez, ni la policía ni los servicios sociales le hicieron ningún caso. Y ella tuvo que volver a la calle.

Así que ahora menos hipocresías y menos escándalos queridas contertulias. Menos alharacas. Y en su lugar, repitamos en voz alta la gran verdad del barquero: la violación es en el fondo un programa político preciso, el esqueleto del capitalismo; que es también la representación cruda y directa del ejercicio del poder; que no solo designa a un sujeto dominante sino que organiza las leyes del juego para permitirle ejercer su poder sin restricción alguna; que es una verdadera guerra civil a través de la cual un sexo declara al otro: yo tomo todos los derechos sobre ti y te fuerzo a sentirte inferior, culpable y degrada me da lo mismo si tienes doce años, treinta o cincuenta. Que lo sepas.

De manera que si queremos acabar con esto solo hay una forma, coraje amigas. Porque el Feminismo como dice la Despentes, es una revolución, no una negociación. El feminismo es una aventura colectiva para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás. Una visión del mundo. Una opción.

Dicho esto, buen viaje.

Los tipos como ustedes

(Último cero, 6 Abril 2019)

Tienen miedo y lo saben.

Es un saber enterrado en las profundidades de sus entrañas. Un saber que les transmite la herencia. Saben que son responsables de los crímenes cometidos en su nombre y que algún día los pagarán. No se trata desde luego de un saber directamente consciente. Es más bien difuso. Dormita. A veces abre un ojo y enseguida vuelve a cerrarlo. Los ojos de los tipos como ustedes están muy cerrados. Seguramente desde los tiempos cuando Saulo se cayó del caballo y se levantó misógino, asesino, dogmático, inhumano y después, casi al punto, inventó la Conferencia Episcopal.

Ustedes tienen miedo, y lo saben. Una clase de miedo indefinible. Es, digámoslo de una vez, el malestar de la curia. La cabeza lo reprime, pero ese asqueroso corazón suyo palpita agitado. Reconoce en los rostros de toda persona que no pertenezca a su iglesia, en la fábrica, en la escuela, en la calle, a un sobreviviente de su empresa colonial y, al mismo tiempo, descubre en ellos la posibilidad de una venganza. Es por eso que tienen miedo. Desesperados, cada vez más desesperados, porque a estas alturas se les han terminado los recursos.

Ustedes tienen miedo sí, pero mantienen su comodidad y además, siguen cagándola. Se meten en nuestras camas y le dicen a una (o a uno) con quien no puede follar; se meten en las enfermerías y le prohíben a una (o a uno) acabar cuando le venga en gana; Se meten en nuestros vientres y nos dicen cuando sí o cuando no tenemos que parir; se meten entre nuestros niños y los abusan sin recato; se meten en nuestros bolsillos y nos roban.  Ahí, precisamente, radica su dilema. Ustedes no quieren renunciar a la infinidad de privilegios acordados por otros poderes tan corruptos como el suyo.  Privilegios materiales, estatutarios, institucionales, políticos y simbólicos de los que disfrutan, dicen, por concesión del Altísimo pero que no son nada comparados con el don más precioso, el de la vida. Un valor incalculable. La vida en cualquiera de sus formas, a duras penas, a rastras, con heridas, dolorida … está protegida por su moral, sus leyes, sus armas y por eso, la muerte preferida es una fatalidad que hiere su narcisismo.

Ustedes tienen miedo. Y cuando contemplan el mundo, deploran que no sea más como antes, como cuando se los inventaron. Cuando los tipos como ustedes reconocían al vuelo, ya desde antes de mirar, quien era de los “suyos” y quién no. Ustedes, que repudian ser situados de modo que se desvele su culpabilidad y se torne vulnerable su inmunidad, que repudian ser nombrados (por eso no más  no se les nombro). Ustedes, sí, tienen miedo. Atacados por todas partes, suscitando odios en los cuatro puntos cardinales del planeta, arrinconados para que justifiquen sus conquistas, sus acciones depredadoras, socavados por resistencias multiformes, confrontados con su fealdad intrínseca y con lo que ustedes consideran el paroxismo de la locura –el descreimiento – ustedes, sí, han tenido que atrincherarse en las catacumbas y dotarse de un aparato político-ideológico que les asegure la supervivencia o, al menos, la inmunidad. O ¿Es que acaso no tienen nada que ver con ustedes esos patéticos nuevos cruzados de las esencias patrias?

Oh, sí, los tipos como ustedes tienen miedo pero ¿qué quieren que les diga? Hacen bien.

Alerta

(Último cero, 17 Marzo 2019)

El viejo mundo se muere. El nuevo está lejos de parecer, y es en este claroscuro donde surgen los monstruos.

 

Comparto en el alma la angustia de Gramsci y tampoco sé cómo contestar a una muy querida amiga – ­de derechas de toda la vida – cuando me acusa de complicidad con todos esos monstruos por vivir como una reina mientras a mi alrededor siguen quemando brujas y volando el cráneo a los más débiles. Así que sí, reconozco que no soy inocente. En este mundo no hay inocencia que valga como no sea en los frenopáticos por lo que para empezar y como bien dice mi amiga, empezar reconociendo que soy una privilegiada. Y además blanca. Básicamente ese es un crimen no por inconsciente menos sangriento. Digamos, además, que al menos yo, soy una blanca de extrema sofisticación. No tengo sangre entre las manos – eso sería demasiado vulgar –por lo que ningún sistema del mundo me llevaría por eso a los tribunales pues al igual que muchas otras, delego mi crimen y, con mi crimen, también la mala conciencia. Y es que entre mi crimen y yo hay por medio muchas cosas: todas las Ideas Bellas: La Literatura, los Derechos Humanos, el Universalismo, la Solidaridad, la Memoria de la Nakbah, el Feminismo, el Marxismo, el Tercermundismo, la pera en verso.

Entre mi crimen y yo está también la Renovación de esas grandes, bellas ideas: el Comercio Justo, la Ecología, la pensión, la Seguridad Social, el agua caliente, la calefacción, una casa junto al mar, mi pasaporte Scheneguen… Es gracias a todas estas cosas como una – lo quiera o no – se ve separada de sus víctimas por una distancia estratosférica. Y esa distancia no deja de ampliarse. A veces también sucede que esa distancia también se reduce: monstruos que entran disparando en las mezquitas (también en Hebrón), francotiradores que desde el otro lado de la valla tiran a dar a la cabeza de niños, mujeres y hombres desarmados, bombas que explotan en el metro, torres abatidas por aviones que se desploman como un castillo de naipes, periodistas diezmados, mujeres acabadas a cuchilladas. Y casi al instante, ¡un grito universal! Un grito nacido en el corazón de los demócratas, la unión sagrada. Todos somos Charlie, todos somos blancos, todos somos demócratas, todos somos “ellas”, las brujas que quemaron y las que quedan por quemar…

Todos somos, yo también. Mea culpa.

Pero, lo siento, por lo que tengo visto ha quedado más que claro que ninguno de esos gritos ha dado mucho de sí. ¿Qué hacemos?

Sadri Khiari [1], dulce soñador, escribió lo siguiente: Ya que ella es la compañera indispensable de los indígenas, la izquierda puede ser también su primer adversario.

Así que ya que estamos en vísperas de elecciones, intentemos sustituir el concepto “indígenas” por el de feministas, inmigrantes, grupos LGTB, temporeros, Kellys, colectivos explotados… a ver qué pasa.

Sí, hagamos un esfuerzo para acabar no solo con los trogloditas de la derecha sino con los buenistas de las izquierdas, sus “buenas intenciones”.

Hay que espabilar. Estar alerta.

 

[1] S.Khiari, Pour une politique de la racaille: inmigrés-e-s, indigènes, det jeunes de banlieues. París, Éditions Textuel, 2006

En vísperas del ocho

(Último cero, 2 Marzo 2019)

Cuando los muertos despertamos, (aunque estoy segura que se refería a las muertas) es una obra de Ibsen que va sobre el uso que artistos y pensadores han hecho de las mujeres en su vida y en su trabajo y sobre la lucha de una mujer que despierta y toma conciencia de cómo ha sido utilizada a lo largo de su vida.

Pero ahora, empieza a ser diferente. Y estimulante ¿no? Eso de estar viva en este tiempo de despertar de la conciencia, por mucho que pueda ser también confuso.

Este poder sacudirse el sopor de una conciencia dormida que afecta ya a la vida de millones de mujeres y de hombres por más que algunas y algunos no lo sepan.

Este discutir interminable sobre si es el marco de un sistema económico clasista el responsable de la naturaleza opresiva de las relaciones hombre-mujer o si por el contrario es el patriarcado el modelo original de opresión de unas y otros.

Esta re-visión y mirar atrás con ojos nuevos para asimilar los viejos textos desde una nueva crítica.

Este penar.

Que para las mujeres es más, mucho más que un simple capítulo de la Historia de la Cultura, es simplemente, un ACTO DE SUPERVIVIENCIA.

Pues hasta que comprendamos los prejuicios en los que hemos vivido ahogadas (el yo no soy feminista, soy femenina de la Baronesa Thyssen) no podremos conocernos de verdad a nosotras mismas. Y para nosotras este conocimiento es urgente y significa más, mucho más que la simple búsqueda de una identidad pues en realidad forma parte esencial de nuestro rechazo al carácter autodestructivo de una sociedad machista.

Así que, si queremos avanzar, nos toca saber cómo hemos vivido antes, cómo estamos viviendo ahora, cómo nos han obligado a imaginemos a nosotras mismas, cómo el lenguaje nos ha atrapado casi tanto como nos ha liberado, saber SI, saber cómo hasta el acto mismo de nombrar ha sido siempre una prerrogativa masculina…

Buenas preguntas a las que quizá debiéramos atrevernos a buscar respuesta antes de empezar a ver, a nombrar y a vivir de nuevo.

Y una vez vivas – las siempre poseídas, las combatidas de todo el mundo – será el momento de dejar de ser un lujo para el hombre, un modelo para el pintor, una musa para el poeta y al tiempo – o consecutivamente – consoladoras, enfermeras, portadoras de su semilla, asistentes, secretarias, mecanógrafas de manuscritos; dejaremos de estarles agradecidas por las cuotas, las leyes de igualdad o porque nos permitan ser nosotras mismas a ratos sueltos…

Y es que, la verdad amigos míos, ha llegado el momento de deciros que estamos hasta la coronilla y que de olvidar nada: creednos, ya nunca olvidaremos cómo empezó todo, allá por el Pleistoceno. Sobre todo, para no repetirlo.

Poesía

(Último cero, 17 Febrero 2019)

Cuando Vargas Llosa era un (magnífico) escritor dijo:

“Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría”

Me quedo con lo de sériamos peores etc y la verdad, me cuesta imaginarlo.

Pero a lo que vamos: En eso que llamamos el Oriente y que ocupa desde Persia hasta la China pasando por los mundos árabes, la poesía (POESIA, ya saben) estaba hecha para ponerle música o cantarse, por una sencilla razón: Se habían dado cuenta de que asi la cosa funcionaba mejor. Aquella combinación de imagen y melodía (tal cual algunas presentaciones de hoy en día) sumergía al personal en un estado de ánimo estético/emotivo altamente cargado, con arrebatos de llanto, posesiones de baile y otros desahogos. Sin embargo, entre nosotros, esa relación de poesía y cuerpo desapareció hace tiempo. Aquí, en Occidente lo leemos (pero especialmente la poesía) bajo la influencia de “un gas anestésico y cartesiano” (Hakim Bey); escuchamos la poesía (cuando la escuchamos) como si fuésemos apenas un puñado de neuronas metidas en un tarro. Nos permitimos quizá, alguna mueca pero no mucho más.

Pero en el Este, han de saber ustedes, los poetas siguen siendo encarcelados, lo cual – todo hay que decirlo – no deja de ser una especie de cumplido al sugerir que la autora (o el autor) del poema ha hecho algo (al menos) tan real como un robo o una revolución.

Claro que aquí, de eso nada. No, aquí no. Aquí a los poetas se nos permite publicar cualquier cosa lo cual ha terminado por convertirse en una especie de castigo, una especie de prisión sin existencia palpable en un mudo sin riesgo alguno y por tanto, también, sin mucho eros. Y dejénm e decirles que para la poesía – o eso al menos pienso yo – viene a ser otra forma (absurda) de morir o, lo que es lo mismo, hacer de ella una mercancía más. Poesía digerible.

Por lo tanto, me gustaría hacer una propuesta (la idea no es ni siquiera mía):

Cuando – y si – los legisladores rehúsan considerar los poemas como verdaderos crímenes, propongo que alguien cometa algunos (crímenes) para ayudar así a cumplir la verdadera función de la poesía. Que escriba textos que posean la resonancia del terrorismo y que ayuden a re-conectar poesía y cuerpo a cualquier precio. Que se líen a puñetazos. Con los textos. No me refiero tampoco a crímenes contra los cuerpos, sino a crímenes contra las ideas imperantes, mortales, sofocantes. No hablo de un estúpido libertinaje, sino de crímenes ejemplares, crímenes estéticos, crímenes pasionales. Terremotos. Cualquier sacudida que nos quite de encima ¡por dios! este aburrimiento. Este me duele el corazón y estoy sola. Este me quieres-no me quieres. Este me muero y meencantamipropioombligo. Esta banalidad.

Preocupaciones

(Último cero, 1 Febrero 2019)

Acabo de leer una noticia tal que asi: “Madre e hija encierran y golpean a un profesor universitario en Vigo por una nota de examen. Según la versión del docente, la madre lo sujetó mientras la alumna lo golpeaba con un paraguas, ocasionándole una brecha en la nariz.

Cuando terminé de leer el artículo me sentí – por decirlo en corto – cabreada como una mona. Quizá porque como mujer, como madre y como profesora durante toda mi vida laboral me costó más tiempo del debido condenar la reacción de estas bárbaras. Lo hice sin embargo con un extraño, amargo sabor de boca. Porque hubo un tiempo, cuando estudiaba para ser periodista, en el que aprendí – eso era lo que me ensañaban – que los periodistas no tenían por qué comprometerse realmente con aquello sobre lo que escribían. Al principio eso nunca fue un problema. Sólo que empezó a serlo enseguida. Se hizo evidente que por mi carácter yo no había nacido para ser, digamos, testigo de los acontecimientos. En este sentido y con los años las cosas no han hecho sino cambiar. A peor. A día de hoy tengo que decir que soy escritora y feminista, pero se diría que estas dos cosas entrar en conflicto con mi realidad de un modo – por decirlo suavemente – casi automático.

El problema, pienso, consiste, en que como escritora estoy comprometida – los dioses me acompañen –   con una ética que hunde sus raíces en la Verdad y al mismo tiempo y como feminista me siento comprometida con mis congéneres. Una de las ironías de esta, mi conciencia feminista es que muchas veces no hay manera de decir la verdad sobre las mujeres sin que, en cierto modo parezca que soy una troglodita anti-feminista.

Me pasa a menudo con la Literatura, la Pintura o la Música creadas por las mujeres. Cuando me parece intragable, me parece intragable y no encuentro excusas que valgan por muy mujeres que sean. Estoy de acuerdo con que la definición de calidad artística ha venido dictada siempre por lo que los hombres consideran que es ”calidad artística”. Pero como ya les hemos pillado con el carrito de los helados esto ya no nos desconcierta. Pero si cuando estudiamos la Literatura, la Pintura o la Música creada por las mujeres no decimos que hay defectos – cuando los haya– estaríamos aplicando por nuestra cuenta una medida doble, procurando disimular sus faltas, protegiendo a las autoras como si ellas y sus obras no fuesen capaces de soportar la honradez ni la verdad y, en cambio, aceptaran sin rechistar la condescendencia, ese tono inconscientemente paternalista que trata nuestras obras, nuestros libros como una especie de subgénero de la literatura al margen de la corriente general igual que si estuvieran diciendo: atención- estas-pobres-mujeres-perseveran-y-nosotros-debemos-intentar-comprender-lo-que-quieren-decir-sea-esto-lo-que-fuere.

Me pasa también con todo lo que se refiere a la defensa de nuestros derechos. Ni un paso atrás, que quede claro. Pero de ahí a creer que tenemos derecho a “cualquier cosa” hay un océano. (Y esto va por el paraguazo al señor profesor)

En realidad, siempre creí ser lo bastante despierta como para saber que nada de lo que escribo afecta significativamente a todo este asunto. Sin embargo y, a pesar de esto, me preocupo. Soy escritora. Soy feminista. Cuando de vez en cuando consigo sobreponerme a mi natural radicalismo para llegar hasta la verdad, me siento un poco mejor. Claro que luego…. empiezo a preocuparme mucho más.

Tenemos un problema

(Último cero, 16 Enero 2019)

Centenares de palestinos son sometidos todos los años al régimen de “detención administrativa” por el régimen sionista: una detención indefinida, sin cargos ni juicio, cuya aplicación rutinaria vulnera los derechos humanos.

El problema es que estamos creando un profesional del periodismo que ya no sabe incorporar principios y valores éticos y culturales a su trabajo. Incluso su vocabulario se limita a la exposición de los hechos y no incluye la elaboración de reflexiones complejas o análisis de cuestiones éticas. Como escribió Walter Lippman en su libro La opinión publica,el periodismo no nos señala la verdad porque siempre hay una brecha descomunal entre la verdad y la información. Las cuestiones éticas enfrentan al periodismo al nebuloso mundo de la interpretación y la filosofía y por eso los periodistas – y no digo todos sino tan solo una inmensa mayoría – huyen de la indagación ética como un rebaño de corderos atemorizados.

Visto el empleo que dan a conceptos como neutralidad, objetividad y equidistancia se diría que estos son, apenas, argumentos empresariales con los que ganarse la credibilidad de los ciudadanos y la complacencia de los grupos de poder, anunciantes y publicistas que en lo que menos están pensando es en abrir un verdadero debate sobre el mundo que vivimos.

Encontramos en los medios y en toda clase de empresas culturales un panorama que alardea de neutralidad periodística mientras tiene a periodistas empotrados en los bancos, el ejército, las grandes corporaciones y otros centros de poder.

Que alardea de imparcialidad mientras siguen estigmatizando en sus informaciones a los países y gobiernos que cometen el delito de intentar recuperar sus recursos naturales de las manos de las multinacionales (¿damos una lista?).

Que se pavonean de su “objetividad” pero reservan sus páginas y espacios informativos al oropel y el lujo de famosos y grandes fortunas a los que de esta forma identifican como modelos a admirar.

Que presentan como analistas independientes a representantes y asalariados de lobbies empresariales que cobran por defender los intereses financieros y políticos de sus empleadores.

Que acusan – siempre en pro de la neutralidad – a los movimientos de liberación que se enfrentan a regímenes dictatoriales o racistas (como en el caso de Palestina) mientras ocultan ese mismo terrorismo cuando los responsables (como Israel) son de su cuerda.

Que llamaban dictadores a los presidentes de Tunez y de Egipto – cuando las revueltas- y al mismo tiempo seguían tratando a cuerpo de rey y nunca mejor dicho, a víboras como el rey de Arabia Saudí y muchas otras tanto en Oriente como en Occidente.

Que se callaron, se callaron, se callaron mientras sufríamos un golpe de Estado empresarial (¿Verdad Rato, verdad Banco de España?) y no nos alertaron.

Y que, sin embargo, no espabilan. Ni la diestra, ni la siniestra. Yo les oigo hablar todas las mañanas, leo todo lo que hay que leer y veo que ambas manos por igual se aferran a esa hueca moral de lo que llaman “objetividad” con una fiereza cómica.

Por eso pienso que tenemos un problema. Y bien grande.

Los mundos posibles

(Último cero, 2 Enero 2019)

Enero 2019

En estas vísperas después de leer los periódicos del día de todo y antes de que todo empiece a pasar y se demuestre una vez más lo nada que es, permítanme parafrasear a los zapatistas y apuntar una breve idea:

Visto lo visto y si la presente civilización produce un mundo donde solo un mundo es posible y los demás son imposibles, la solución sería producir una civilización donde otros mundos sean posibles y éste que ahora tenemos entre las manos se haga perfecta, completamente imposible.

¿Qué les parece?

Un mundo donde los tipos como ese de VOX, los Bolsonaro, los Macri, los Macron, los Salvini, los Putin, los Trump, los Netanyahu (y me dejo cien) no tuvieran nunca, jamás la menor oportunidad de hacerse ver.

Miren, mírenlos: Todos tienen una cara de demócratas que hace daño a la vista. Y ahí, precisamente, reside su última victoria: han logrado disfrazarse de inocentes mientras nosotras (de todos los colores) representamos el papel de las culpables. Ellos son ángeles porque tienen el poder para declararse ángeles y también ¡no faltaba más! el poder de convertirnos a nosotras y a todos los que no son como ellos, en bárbaras (santos padres de la Curia incluidos). A los ojos del patriarcado, los y las expoliadas seremos siempre unos seres vulgares y ellos, los expoliadores, unos entes refinados que saben bien de qué va la cosa.

Oh, debe de ser estupendo nacer y ser un privilegiado y además sentirse “inocente”: eso permite jugar a la candidez y estar siempre del lado más amable de ese mundo que es posible.

Y no nos engañemos, en este lado amable del mundo se encuentran no solo los patriarcas expoliadores sino también los abogados de las víctimas, los palafreneros del poder y muy importante, los iconos intelectuales de la modernidá.

Como por ejemplo un-dos-tres responda otra vez: Sartre.

Sartre.

Un señor convertido en la pura alegoría de la izquierda francesa de postguerra. Un intelectual que nunca supo ser Genet. Un filósofo que asociado a los clamores histéricos de la izquierda francesa persiste y firma (en 1967) su fidelidad al proyecto sionista. O ¿es que en 1975 no protestó junto Miterrand, Mendes France y Malraux – una mancuerna de lujo- contra la resolución de la ONU que equiparaba precisamente el sionismo y el racismo?

Y ya que estamos con Francia, (reconozco que Macron me ha revuelto las esencias)

¿No fue la misma Francia de la Resistencia la que sembró el terror en Setif y Guelma (Argelia) un 8 de mayo de 1945 es decir, el mismísimo día de la liberación contra los nazis? Por cierto, ¿Dónde estaba Camus?).

Es decir, que las izquierdas son la solución de todos los males es el cuento chino que nos contaron un dia. Mas quisiéramos. En este mundo posible, las izquierdas son la solución, sí, pero de Sus males, no de los Míos y mucho menos de los Otros, los que no son tan blancos como ellos. Tan blancos, tan civilizados, tan cristianos, tan todo. Para conseguir una civilización donde los mundos imposibles se hagan posibles y éste que tenemos entre las manos se disuelva de una santa vez, necesitamos no solo una revolución sino también un vuelco de la subjetividad, de los paradigmas, de la ética, de las estructuras de dominación y de la práctica política.

Por lo demás, bien: Empezamos el 2019 con salud.

Gatos, perros y lobos

(Último cero, 16 Diciembre 2018)

Hablando de periodismo tengo que confesarles un secreto:

Mitos como la imparcialidad o la objetividad no existen. No han existido nunca. Como no existen los políticos que afirman defender propuestas para el bien de todos (¿quién son ellos?)

De manera que si las propuestas políticas y sociales no son neutrales ni buenas para todas las personas y todos los intereses ¿por qué las informaciones habrían de serlo?

El ejemplo más evidente de lo que estoy diciendo es el inevitable proceso de selección de las noticias. O, por el contrario, la machacante, jodida repetición de algunas (vease la cantinela VOX).

Otro pilar en el que se fundamente la magia de la ética periodística es lo que algunos llaman Equidistancia (Já, cagao para ti que diría mi amiga Almudena). Una equidistancia que se ha inventado y se defiende con el argumento de presentar dos versiones o dos posiciones diferentes ante un mismo acontecimiento. La tópica idea de que en un determinado conflicto hay que informar siempre de lo que dicen ambos bandos y que si uno dice perro y el otro dice gato trataremos a los dos animales por igual, es una idea nefasta que debilita al verdadero periodismo porque no es cierto (por más que insistan en las Escuelas) que la verdad se sitúe a mitad de camino de dos puntos de vista contrapuestos. O si no, vean hasta donde puede llegar esa hipócrita equidistancia en las distintas informaciones de dos agencias sobre, digamos, la limpieza étnica que se está llevando a cabo en Palestina.

Porque por supuesto, lo que están haciendo los israelíes todos los días de todas las semanas de todos los años desde hace 70 no es genocidio, no es limpieza étnica es algo muy diferente: matar, expoliar, destruir puede, pero claro genocidio no, no por dios, genocidio es otra cosa ¿no es cierto? Dejar morir recién nacidos en los check points, disparar niños por la espalda, destruir sus escuelas, hundir sus hospitales, privar a toda la población de luz y agua eso…en fin serían sólo gajes del oficio.

Los supervivientes dicen que los francotiradores israelíes han asesinado en Gaza a toda una familia cuando celebraban una boda e inmediatamente el ministro israelí de la cosa, dirá que un grupo de Hamas los utilizaba como escudos humanos. La equidistancia – pensarán en la dirección del medio – nos hará quedar bien con quienes creen que Israel ataca para defenderse y defender su seguridad y con quienes consideran que se está masacrando a la población palestina. Nadie podrá saber lo que ha sucedido, que es precisamente para lo que se supone que están esos periodistas tan contentos eso sí de ser imparciales neutrales y equidistantes.

La petulante complacencia de la ONU. La petulante complacencia de gran parte de la prensa que defiende la curiosa idea de que si incluyes una cita de cada bando, preferiblemente de una declaración oficial, ya has cumplido tu objetivo. Ni que decir tiene que no es así. En primer lugar, porque la mayoría de los reportajes no tienen solo dos caras sino, al menos, media docena. Y, en segundo lugar, porque nunca sirvió a los lectores ni por supuesto a la verdad, citar que una parte dice “gato” y la otra dice “perro” cuando lo cierto es que lo que merodea entre los arbustos es un lobo.

De la muerte (que ya no existe)

(Último cero, 24 Noviembre 2018)

Historias sin ambiciones. Dijimos. Y que conste que esto es sólo esto. Que esto es únicamente. Un grito. Una carta. Un albur en la ciudad de las conversaciones a distancia. Una conversación a dos manos. Voy –vamos – a escribir un libro verdadero. Paralelo. Y también: no pienso escribir ese libro. O, también, voy a traer un libro que, cuando lo abran desgarre sus manos. Y tú, ¿Como puedes decir tal cosa? ¿Quién te has creído que eres? ¿Piensas que es deplorable cargar de valor las letras? Puede ser. Y también pienso que es inevitable. En cualquier caso, somos para el destierro. No lo creas. Somos tan solo de aquí. Brazos torcidos. Bromas de una historia antigua, que se repite. ¿Lo sabías? No hay palabras para esa tragedia. No existen en nuestro idioma. Un gancho de carnicería. En el mejor de los casos, un vuelo de pétalos a obscuras. La historia que te vence. Como a mí. Dejaremos como mucho, versos de los que no se ven. Palabras. Hojas de árbol. 1 icono. 1 título. Para que los demás hagan lo que quieran con esas señales. O, al menos, que las lean como símbolos. Porque – bien lo sabes – la vida se dice por si sola y surge somnolienta desde la más aislada tipografía. Y de nuevo, ¿Quién te has creído que eres? ¿Y tú? Apenas escribimos mientras la muerte crece sin reparos ante nuestros ojos. Tan lenta, que nos permite contemplar el proceso en que vuelca sus cenizas. Tan lenta, que podemos sentir en la boca el re gusto de esas cenizas: tanto ennegrecen.

Si: Creíamos que nuestro era el lenguaje y el lenguaje se reía de nosotros mientras nosotros nos reíamos de nosotros mismos. Entretanto, la vida ahí en medio, se divertía azotando nuestros sueños. Uno tras otro. ¿Escuchas? Detente para que pueda escuchar lo que estás diciendo oh muerte vertical y dura como el mármol. Suelta las riendas y dime algo que no sepa ¿Acaso no hemos escrito ya lo suficiente? No, no te asustes es apenas el dolor. El dolor y el lenguaje. En el territorio ilimitado del lenguaje, clamamos hasta enronquecer. Aunque después de todo quizá no sea tan malo pues al menos, ahora podré escribirte a donde sea. Ahora que ya no importa. Y entre nosotros, ni una sola discusión más. ¿De acuerdo? Porque ya no me queda ningún miedo, ninguna vergüenza. Ni dolor ni quemadura, ni cansancio ni muerte. He aprendido a vivir con todo eso. Con la vida. Porque la muerte no existe ¿verdad? O al menos, eso me decías.

Mater, no. Magistra, menos

(Último cero, 12 Noviembre 2018)

Para las postergadas y postergados de una madrastra que algunos llaman Universidad, un cuento.

Érase una vez Lilith, una mujer no exactamente joven pero tampoco vieja que pensó un día en trabajar, opositar, vencer, conseguir un lugar en esa lista profesoral universitaria tantas veces contemplada. Tal vez uno de sus deseos más fervientes, su única asignatura pendiente. Decir también que Lilith no se avergonzó nunca de sus intentos frustrados y en cada uno de esos casos pensó siempre que no valía lo suficiente. Que sus competidores eran mejores. ¿Quién sabe? Seguro. Y, además, que no convenía mirarse a sí misma con delicadeza al tiempo que criticaba sin piedad o dudaba de las garantías de un sistema en el que, en el fondo, seguía creyendo.

De manera que con pacífico deseo de justicia, harta de un trabajo inmisericorde, agria por años de tanta espera y de búsqueda sin logro, Lilith se presentó a una plaza más o menos de méritos donde por supuesto los suyos no contaban ya que, aunque ella no lo sabía, en este tipo de convocatorias, aunque sean públicas, el/la candidata suele estar propuesta, sugerida o las dos cosas a la vez según el criterio – léase dedazo – del manguta de turno.

¿Resultado? una vez más, la Universidad le dio con las puertas en las narices.

Porque Lilith, de condición huérfana, no hubiese hecho allí un buen papel. Ella siempre había mirado a la academia con recelo y aunque lista e imaginativa también era desobediente, indisciplinada, poco convencional y políticamente incorrecta. Hubiese sido raro que encajase. “Lo que usted hace, no corresponde a esta área” “tampoco a esta” “ese conocimiento del que usted habla está fuera de lugar en este departamento” “no, no usted no sirve”… dicho, para mayor INRI, por un ex seminarista con más caspa que conocimiento y que – como buen jefe de Departamento – hablaba de la “objetividad” como el que habla de los precios del lechazo en el mercado. Sí, la misma “Objetividad de la que Adrienne Rich dice que “es el nombre que muchos hombres dan a su propia subjetividad”. Muchos hombres.

Asi que Lilith dejó de intentarlo. Tenía, eso sí, la esperanza de que en algún momento la Magistra descubriera que la libertad de pensamiento no responde ni a los criterios de mercado ni a esa precisa clase de Objetividad que tanto pregonan los ex seminaristas. Que la creatividad intelectual no está incluida entre los requisitos exigidos por una cultura académica delirante para postularse a un puesto. Que la subjetividad en otras formas de pensar es un elemento clave en algunas materias por más que algunos busquen excluirla o penalizarla y que … bueno también tenía la esperanza de que volvieran a llamarla. Pero ¡sorpresa, sorpresa! Esto no sucedió.

Muchas gracias a dios.

Política vaginal

(Último cero, 28 Octubre 2018)

Le robo el título a Ellen Frankfort por una buena causa: hablar precisamente de política vaginal y, ampliando un poco el tema, de algunas otras realidades también políticas, aunque no obligatoriamente vaginales, como son la seguridad y el cuidado sanitario.

 

Aquel desafortunado día que se me ocurrió ir al servicio de Odontología del Hospital Clínico Universitario (hoy ya no existe) acompañada del mío. Había pasado la noche en vela por un serio dolor de muelas. Cuando entramos en la consulta recuerdo que el odontólogo que me tocó en suerte saludo efusivamente a mi marido (eran compañeros) pero a mí sin darme siquiera los buenos días, me sentó en el potro y me metió un separador metálico en la boca. En ningún momento me preguntó qué me pasaba pues, al parecer, con las explicaciones que le daba mi marido tenía más que suficiente. Es más, no recuerdo que ni siquiera me mirara. Eso sí, yo todo el tiempo con la férula en la boca. Cuando terminaron las conversaciones el medico se volvió hacia mí – yo seguía mirándole en un boquiabierto silencio – y me soltó un: A ver qué le pasa a esta llorona. Y claro, aquello fue la guinda. Antes de que empezara a utilizar el torno, me metí dos dedos hasta la úvula y me arranque el aparato. A continuación, mandé a aquellos dos señores a freír monas y me largué de allí. No recuerdo que nadie se disculpara. Yo tampoco.

Pero a lo que iba: los problemas que se plantean a las mujeres – por ser mujeres – con los médicos no nacen solo de la falta de conocimiento de sus propios cuerpos, ni del condicionamiento femenino frente a las figuras de autoridad masculina. (La clásica dependencia femenina del tocólogo, – dice Frankfort – se transfiere después del parto a la dependencia que tenemos del pediatra en perfecta imitación de la relación de dependencia de los roles maritales). Nacen sobre todo de las desigualdades de trato que existen en el sistema sanitario y de la formación que reciben los médicos. Una formación embrutecedora e impersonal que desgraciadamente les prepara para tratar a TODAS sus pacientes exactamente del mismo modo: como a niñas. Pero claro, tampoco podemos quedarnos en esto. Gastar tanta energía en protestar y tan poca en cambiar la estructura política es, exactamente lo que esperan de nosotras. Y nosotras, supongo, no vamos a darles ese gusto.

A las bardas

(Último cero, 14 Octubre 2018)

Poetas de los antiguos celtas y por extensión, a las poetas en general, escritoras, investigadoras, artistas de la pista, todas.

Con permiso:

Decir algunas cosas que, desde hace tiempo, tenía ganas de decir. Van sobre Literatura, las cosas esas, y resumiendo vienen a decir que ya va siendo hora de que dejemos de trabajar para el “enemigo” ; Que va siendo hora de que dejemos de creer- nosotras –  que trabajando para él se pueda, algún día, llegar a ganar el juego; Que va siendo hora de que aquellas que escriben, aquellas que tienen el don de la palabra, dejen de estar en silencio porque si seguimos dentro de SU juego, a lo único que podremos aspirar es a que nuestra obra se torne “más artística”, se fosilice en el canon y pase a formar parte de SU espectáculo o, lo que es igual, se convierta ella misma espectáculo y por lo tanto, inútil; Que va siendo hora de que nos demos cuenta de que nuestra única posibilidad de victoria está en salir de su juego porque, lo creamos o no, nosotras NO estamos aquí para embellecer la política cultural como pregona el poder (mediático y también político) sino para objetivar las contradicciones y para desafiar, también desde la escritura, los símbolos de la ideología dominante, liberar los lenguajes mudos y que en este esfuerzo – desde la desobediencia – avancemos en la construcción de una vida mejor.

Llegadas a este punto cabría preguntarse cómo debería ser entonces esa práctica de la escritura. Y a modo de respuesta se me ocurre una idea bastante simple: Hagamos de ella una práctica desde la indagación, una indagación desde nuestras propias circunstancias que, por supuesto, no suelen ser poéticas ni funcionan como tales hasta que no intervenimos en ellas con nuestro trabajo. Sin olvidar que cuanto más presente en ella la contradicción, más valor tendrá esa escritura y más libres nos sentiremos nosotras para actuar y transformar otros dominios de la vida.

… Un hombre abre la boca/ se desgarra los labios/ y profiera palabras que no son mercancías. J. RIECHMANN. La estación Vacía. Valencia 2000, 20

Somos nosotras, las bardas, cuando nos proyectamos en lo social como creencia colectiva, las que hacemos que el pensamiento y el arte sean reales y, al mismo tiempo, transformen la Realidad y con la Realidad no solo sus cánones estéticos y morales sino también, lo que entendemos por Libertad al proclamar que hay otros Mundos Posibles que pueden llegar a ser reales algo que, a mi modo de ver, viene a ser la mejor forma de liberar nuestra escritura de los límites que nos han impuesto.

Es decir, exactamente, lo que andábamos buscando.

La Europa que no es

(Último cero, 23 Septiembre 2018)

Ni refugio, ni asilo, ni modelo. Para los refugiados del mundo entero Europa es una mierda. Por lo visto y de alguna manera se ha convertido en un bunker donde el ciclo imperial del XIX se reproduce a sí mismo en bucle y como una mala copia. Aquí lo que sobra es patriotismo, chauvinismo, egoísmo, odios raciales, religiosos y étnicos, y miedo, sobre todo miedo y lo que falta, si bien lo miras, es todo lo demás y humanidad. Sobre todo humanidad. Infinitas toneladas

Eso sí, a presumidos no nos gana nadie: fingimos disponer de modelos para un orden mundial armonioso; presumimos de democracia y de buenas ideas acerca de la paz y de los principios que rigen la prosperidad; hablamos de derechos (esos nos lo sabemos todos) pero mientras nuestros democráticos gobiernos continúen actuando guiados por la percepción agresiva de “sus” intereses nacionales vitales”, qué quieren que les diga, vamos de ala.

Lo más sorprendente es sin embargo que la difusión de esquemas de pensamiento tan cutres siga prevaleciendo en las escuelas sin ser nunca puestos en discusión. Que, además, se los acepte sin críticas mientras generación tras generación aprendemos a exigir nuestrosderechos, venerar nuestras naciones y admirar nuestras tradiciones o – lo peor de todo – a lograr violentamente nuestras metas sin tener en cuenta a otras sociedades.

Y es que, nosotros, los occidentales, cultivamos el tribalismo como si fuera una hortensia. Una variante nueva del tribalismo, en mi opinión deplorable, que fractura sociedades, separa pueblos, promueve conflictos mezquinos y sangrientos y, en una palabra, da asco.

Nos entrenamos al tiro al blanco o, más bien, simplemente al tiro mientras sustituimos el blanco de los “blancos” por los negros, amarillos o mediopensionistas (el color da un poco igual) mientras ahogamos – literalmente ahogamos – a los que huyen y convertimos el Mediterráneo en una fosa común.

Y, como si todo esto fuera poco y como bien documenta M. Urban, pagamos a las dictaduras del Sur con dinero de todos los contribuyentes para que hagan de policía de fronteras de la Unión Europea mientras la ONU – ese sutil adorno de la civilización se limita a plañir porque no puede hacer otra cosa, pero sin cuya existencia posiblemente, las cosas todavía estarían peor – se revuelve impotente contra las presiones de quienes pagan.

En una encuesta aparecida recientemente en Haaretz, (periódico israelí) he leído que el 37 por ciento de los ciudadanos de ese país apoya la idea de tender una mano a los refugiados mientras el otro 50 por ciento, pasa del tema y se niega terminantemente a hacerles un hueco. En Estados Unidos, aumenta sin embargo la ratio y apoyan la acogida el 66 por ciento y el 26 por ciento, se oponen mientras el ridículo pene-hongo de Trump se levanta (es un decir) en armas y establece un límite de aceptación en 30.000 refugiados para todo el país.

Decir también que a pesar de lo que pueda parecer, España es – según esta encuesta – un país generoso y que – se pongan como se pongan los energúmenos – hay un 86{1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6} de ciudadanos a favor de aceptar a los refugiados; Le sigue Alemania con un 82{1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6} y Suecia con un 81{1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6}. Lo que según nuestros cálculos querría decir quizá, por qué no, que puede haber esperanza por más que el proyecto europeo esté en crisis y que al paso que va a burra, algunas no lleguemos a verlo. Me refiero al arreglo.

Handala

(Último cero, 1 Septiembre, 2018)

Nos llevábamos bien Naji y yo. Naji Salim Husain al-Ali nacido en 1937 en una aldea a medio camino entre Nazaret y el Mar de Galilea en una familia de pastores que muy pronto – exactamente igual que la mayoría de palestinos de la época – se verían obligados a abandonar sus tierras antes, mucho antes, de venirse a vivir aquí, a Londres.

Pero un día, era ya el 22 de Julio de 1987, desapareció sin despedirse. Yo le esperé horas y horas sentado en una mesa pues él me había pedido, como hacia siempre, que hiciera el favor de no dar guerra y me estuviese quieto hasta que él volviese. Pero nunca volvió. Y cuando llegó la noche y vi que no daba señales de vida, encendí la tele para entretenerme un poco y fue cuando en las news vi su foto y me enteré de que le habían matado de un tiro en la nuca a la puerta de al-Qabas, el periódico kuwaití para el que trabajaba. Murió a los cinco días.

Desde entonces acá se han sobrepasado todos los límites y por lo que a mí respecta me he dado cuenta que un verdadero amigo, un amigo como él, es del todo insustituible, capaz si se empeña de distorsionar la realidad que uno tiene delante de las narices, de tapar el horizonte por completo. Es decir, exactamente lo que hizo él conmigo. Tapó todo mi horizonte y yo solo fui capaz de medir su importancia cuando desapareció, en retrospectiva. Imagina una brizna de hierba del tamaño de una palmera, un pez del tamaño de una ballena, la cabeza de un hombre del tamaño del globo terráqueo. No, no es que Naji fuera mejor que nadie ni que su corazón partido sangrara por las injusticias más que el de otros muchos. Es solo que un día, cansado de hacer las mismas cosas una y otra vez esperando resultados diferentes, empezó a comprender la mecánica de causa y efecto. En ese mismo instante se dio cuenta del potencial agitador de la labor del dibujante y empezó a tratar sistemáticamente temas políticos como la cuestión palestina, el petróleo, su uso ilegítimo, la unidad árabe o la situación política general del mundo árabe …todo un desafío.

Fue por entonces cuando se le ocurrió parirme.

Y nací yo, en 1969 con 10 años, los mismos que él tenía cuando emprendió el camino del exilio. Me llamó Handala, una hierba de lo más amarga y con unas raíces tan profundas que por más que tiren de ella vuelve a crecer como si nada y que tiene un fruto tan amargo que ni siquiera los hambrientos animales que pueblan las orillas del desierto, pueden alimentarse con ellos. Después, para colmo, me colocó de espaldas a ti, lector, y justo en el centro del punto de fuga, feo, pelón y sin zapatos y con las manos cruzadas a la espalda en señal de rechazo. Su intención fue siempre que me pasara la vida observando sin hacer otra cosa que ser, ser siempre con 10 años, viendo lo que había que ver para poder contarlo.

Naji querido que “dibujaba con huesos humanos” y cuya muerte a día de hoy sigue sin esclarecerse, me convirtió en un icono y exportó mi imagen a todo el mundo árabe. Ahora, aunque él no, yo estoy en todas partes: desde el muro de hormigón que bordea la cicatriz palestina, al cuello de los jóvenes revolucionarios de Tunez y Egipto; desde las tiendas de souvenirs de Jerusalen y Ramallah a las pancartas de los manifestantes en Cánada o Escocia. Y sin embargo…

Estoy aprendiendo a vivir sin deseo. Y esto me lleva, me temo, al umbral de un espacio ignoto. Dicen que la única zona de la Tierra que queda sin explorar son los 362 millones de kilómetros cuadrados del fondo oceánico. A mí, si bien se mira, me gustaría a veces estar allí. Para no ver el panorama.

¿Hay alguien ahí fuera?

(Último cero, 13 Agosto 2018)

Ni se las veces que podido hablar de esto. Les pido disculpas, pero no puedo hacer otra cosa.

Hablo de niños. Del número de niños palestinos entre los 12 y los 15 años detenidos por Israel que desde hace algunos años (ya en 2013 creció de de 31 a 39 alcanzando una cifra total de 236) no ha hecho más que aumentar. Decir también que casi el 60 por ciento de estos niños son, en algún momento, transferidos ilegalmente a alguna de las muchas prisiones israelíes y que algunos de ellos han sido arrestados, cuando no tiroteados y asesinados durante las recientes protestas en Gaza o en cualquiera de los ghettos de la Palestina Ocupada cuando se manifestaban en apoyo de sus hermanos, padres, vecinos presos. Estos datos y aún otros más impactantes toavía sobre las torturas, palizas y toda clase de maltratos sufridos por estos menores han sido publicados por la DCI/PS (Organización Internacional en Defensa de los Niños, Sección Palestina).

Exilados en su propia tierra, aislados, refugiados, mártires, emigrantes, nómadas, asilados, guerrilleros, hombres, mujeres y niños, los palestinos resultan fastidiosos para el mundo en general, pero mucho más, para Israel en particular. Eso sí, ni Europa ni en EEUU lo reconocerán nunca. Sin contar con los depredadores de Arabía Saudita, los países del Golfo y Egipto o ya que estamos, alguna de esas civilizadas instituciones que han sido creadas, precisamente, para que nada de esto ocurra.

Una de esas civilizadas instituciones, para vergüenza de muchos, ha demostrado ser la UNICEF. Hace algunos años, cuando celebró su muy esperada conferencia anual en Jerusalem (en Jerusalem precisamente), su responsable, Jean Gough ( nombrada el el 2016 Directora Regional de UNICEF para el Sur de Asia se cubrió de gloria al alabar sin cortarse un pelo al piadoso sistema israelí que permite llevar ante los tribunales militares a los menores palestinos de 12 años mientras reserva los tribunales civiles para sus propios ciudadanos cuando, bien lo sabe ella, en ese piadoso sistema del que habla, los malos tratos a los menores palestinos son sistemáticos, extendidos e institucionales”así como también “el abuso y la tortura” (1)

Por otra parte, una investigación del Inquirer (periódico australiano) demuestra como UNICEF viene cediendo a las presiones de Israel desde tiempos inmemoriales. Pero olvidemos al Enquirer

¿Qué pasa con el resto de unos medios internacionales (pero también nacionales) que tanto se jactan de su multiculturalismo? ¿Qué con las numerosas ONG que trabajan en proyectos de ayuda e integración?

¿Qué con las instituciones religiosas que tan diligentemente cooperan en (otros) proyectos de ayuda e integración?; ¿Qué con las fundaciones, formaciones y estructuras sociales que tanto se manifestan para apoyar a Estas o a Aquellas causas (con tal de que estén un poco de moda)?

Nada. No pasa nada. No saben nada. No quieren enterarse de nada.

Lo explica muy bien Jean Goug cuando dice que UNICEF no puede ser es un recogedero de quejas¡Un recogedero de quejas! La muy cabrona. Pues ¿A quién podría importarle que los palestinos menores de edad, detenidos y encarcelados por los ocupantes israelíes, padezcan la violación de sus derechos humanos de una forma rutinaria o que, en muchos casos, el proceso de arresto, interrogatorio y encarcelamiento deje huellas psico-sociales que perduren en el tiempo mucho más allá del periodo de detención?

Una enunciación (2) somera de los abusos que padecen estos niños incluiría también la denegación de acceso a asistencia legal; la detención sin cargos o enjuiciamiento; la denegación rutinaria de asistencia médica; el aislamiento (se priva al menor de las visitas de sus familiares y, en algunos casos, esta privación puede llegar a durar hasta tres meses sin que las autoridades penitenciarias informen a los familiares del paradero del menor); las torturas físicas y psicológicas como el confinamiento en soledad que, además de ser un medio para obtener confesiones de los niños detenidos, es una forma de castigo practicada en las principales cárceles israelíes que utilizan esta forma de castigo para penalizar a los niños que rompen las normas internas del centro penitenciario al hablar en voz alta, llegar tarde a la llamada del recuento y otros crímenes de ese jaez. (periodos de aislamiento pueden durar desde una semana a un mes). La privación de las visitas familiares o las multas.

Porque esa es otra, las autoridades israelíes continúan imponiendo multas económicas a los prisioneros políticos menores de edad como forma de castigo. La administración de la prisión recauda el importe debido de la cuenta que el preso tiene en la cantina de la prisión, cantidad que es restada de lo que el Estado Israelí asigna a cada preso para su manutención. El castigo pasa de esa manera a ser colectivo ya que los niños presos no tienen una asignación personal sino grupal de manera que todo el grupo sufre así el castigo impuesto a un solo individuo.

¿Algunos nombres? ¿Para qué? Son muchos, demasiados. Pero aquí tienen dos o tres.

Jaber, de 15 años: le cayeron a trompadas en mitad de la noche, le sacaron de su casa en Beit Ur al-Tahta, le patearon, le echaron encima a los perros. Después se lo llevaron en un yeep militar. El año anterior había estado ya detenido 9 meses por tirar piedras.

Mo´men, 9 años. Intentaba escapar de una manifestación en Hebrón cuando fue detenido. Le agarraron por el cuello, le maniataron con esposas de plástico, le taparon los ojos, se lo llevaron al asentamiento de Kairyat Arba y allí lo dejaron, con el antifaz puesto (y las esposas) el día entero.

Hassan, 14 años, enfermo de los pulmones por inhalaciones de gas, perseguido (y cazado) como un conejo a través del monte, arrestado, molido a palos (3)

Dicen que en periodismo (como también en Literatura) lo mejor es mostrar el lado sentimental o romántico de esta clase de noticias si lo que se pretende es que el público preste atención. No es el caso. Aquí no se trabaja para el enemigo. Aquí se habla de lo que hay. Y de UNICEF, una organización que suponíamos estaba para ayudar y no hace más que cagarla.

  • ADAMEER (en árabe: conciencia) es una organización defensora de los DDHH y de los derechos de los prisioneros palestinos en las cárceles de Israel.
  • ADAMEER
  • ADAMER

Juana

(ÚltimoCero, 29 Julio 2018)

La vida tuya y la de tus hijos, en sus manos de gremlins.

Hay que temerles, Juana. Porque los leguleyos están hechos de una pasta especial, son unos grandísimos entusiastas. Y esa clase de entusiasmo, aunque ellos no lo sepan, es contagioso, está hecho con la misma pasta del furor que sentían las sibilas cuando daban sus oráculos.

Que la inspiración divina de los profetas.

Que la exaltación y fogosidad que produce en el ánimo la admiración que esos pobres machos sienten por ellos mismos cuando, curiosamente, a lo único que han aspirado siempre es a mimetizarse con la institución que les acoge.

Los leguleyos, Juana, son de esa clase de gente que deja su inteligencia guardada en el cajón de la mesita de noche y después, tira la llave. Ahora bien, nunca sabremos si fue que en algún momento de sus vidas anteriores tomaron la decisión de convertirse en esa cosa robótica que son hoy o si ya metidos en harina, los engranajes de la institución los embistió empujándoles a la vergonzosa indecencia en la que se ha convertido su vida actual.

Los leguleyos, Juana, son capaces de justificar cualquiera cosa. De justificar sus sentencias de acuerdo con lo que ellos dicen que es la ley. Son capaces de invitar a los otros poderes a una ronda con tal de sacar adelante sus insidias, de responder a las preguntas, de publicar artículos en revistas especializadas aclarando doctamente sus criterios (cualquiera que estos sean), de agradar a tirios y a troyanos (que no a tirias ni a troyanas), de infectar con el pus de sus corrompidas neuronas todo el tejido social, de correr como el aire por todos los pasillos, de aumentar su productividad y decir estupideces más deprisa que nadie, de lograr abrir todos los telediarios, de comprar a buen precio todos los prejuicios del mercado, de conocer la fórmula exacta para redactar las sentencias más excrementicias.

Los leguleyos, Juana, tienen varias copias de sí mismos bien colocadas en el mercado. Nunca se cansan de agitar las puñetas (de las mangas). Cada mañana, les vemos en los juzgados – encima o debajo de la tarima – con sus ropas impecables y su aspecto bien cuidado, sonriendo entre dientes y dándoselas de imparcial con la misma habilidad que las lagartijas, esos animales tan escurridizos.

Los leguleyos, Juana, los mismos que han dictado tu sentencia, son de los que en algún momento abandonaron la Ética y los Principios por una toga que les hace parecer lo que todos esperan de los jueces. Imparciales. ¡Anda que no tiene gracia! Pero lo cierto es que, con ellos, la imparcialidad ni está ni se les espera. Con esta gente al timón no hay esperanza.

Pero no te preocupes, Juana, esto no ha hecho más que empezar.

Como una cadena de irracionalidad desbocada solo entendible como rito religioso, como performance que quisiera aniquilar simbólicamente los derechos de las mujeres o como la inercia desbocada del sistema ellos han vuelto, una vez más, a meter la pata. Eso sí, ahora, mal que les pese nosotras por fin somos muchas y tú y nosotras, todas juntas estamos preparadas para quitarnos de encima a esos residuos. Tú lo sabes: somos el futuro.

A martillazos

(Último cero, 16 Julio 2018)

Los hombres que pegan a las mujeres no lo hacen porque sean más fuertes y estén seguros de que van a ganar la pelea. Pegan porque saben que en ningún momento la víctima se va a revolver.

Y entonces van y les abren la cabeza a martillazos.

La violencia machista es una escalada en la que se empieza con un insulto o un bofetón al que ella nunca responde.  Y que conste que no quiero banalizar ni estoy diciendo que la respuesta adecuada sea devolver los golpes.

Aunque quizá, a veces ¿por qué no?

Estoy diciendo que muchos de los hombres que pegan a las mujeres no son especialmente fuertes y mucho menos valientes y que no pegarían a alguien si pensaran que ese alguien puede resistirse.

Porque en los últimos 14 años, son cerca de 1.000 mujeres asesinadas. 

Y mientras, con cierta frecuencia, seguimos muy entretenidos viendo imágenes de violaciones, palizas o asesinatos en películas o telefilms pues en esta cultura machita el maltrato a las mujeres es muy frecuente y está completamente extendido.

Así que, una vez más y aunque creo que ya he hecho la misma pregunta algunas veces, repregunto:

¿Por qué las mujeres no se han organizado jamás violentamente para defenderse de la violencia que se ejerce constantemente contra ellas? ¿Por qué no se defienden de sus maltratadores? ¿Por qué hay tan pocos asesinatos en legítima defensa?

No será por falta de recursos.

Porque las mujeres mueren y matan contra el capitalismo, contra una invasión, contra el colonialismo, el racismo y la pobreza; contra el comunismo o contra la influencia extranjera. Las mujeres mueren y matan, pero jamás por ellas mismas; si acaso – como bien explica Beatriz Gimeno –  contra el patriarcado terminan matándose a sí mismas, suicidándose. 

Y ahora resulta que el Gobierno tiene la intención de aceptar que “ante la ausencia de un consentimiento explícito siempre habrá agresión, delito” lo que probablemente sea necesario y urgente aunque, si vamos a eso, lamentemos luego que el Código Penal, a merced del espíritu de los magistrados –y repito “magistrados” – se quede siempre con la letra de la ley. Es decir, con nada.

Porque señoras y señores, vivimos en un sistema perversamente perfecto que mientras  por un lado castiga por el otro, alienta la violencia simbólica y que mientras legisla a favor de la igualdad, aprueba, favorece o simplemente mantiene conductas, costumbres, representaciones, leyes o instituciones como nuestra Real Academia de machirulos –claramente desiguales por no decir misóginas.

Así que a lo que vamos:

La lucha contra la violencia machista pasa, ya lo he dicho, por las leyes; pero pasa también por la educación en igualdad y por algo mucho más complicado que es lo simbólico, lo cultural. Y dentro de lo cultural, el empoderamiento femenino tendrá que ser también “físico” para que las chicas no sigan siendo educadas en la creencia de que todos los hombres son más fuertes que ellas o de que ante las agresiones no pueden sino aceptar el papel de víctimas.

Y no, porque las mujeres son fuertes, pero pueden serlo más. Y tienen que aprender,  sobre todo, a sentirse físicamente iguales porque “eso” lo cambiaria todo.

Y si no todo, al menos, muchas cosas.

Escribes

(Último cero, 1 de Julio 2018)

No, escucha, lo que ocurrió fue esto: te mintieron, te vendieron ideas sobre el bien y el mal, te hicieron desconfiar de tu cuerpo y te avergonzaron de tu tesón que era simple resistencia y ellos llamaban manías, emperramiento, histerismo. Se inventaron palabras de asco para tu amor incorrecto y mal situado, te bloquearon con su indiferencia, te infectaron con sus creencias cutres y aburguesadas (y después te hicieron apostatar antes de casarte), te chantajearon con sus roñosas emociones. Te aburrieron hasta morir con sus consejos.

Que nunca te tragaste.

Porque sabes, nadie tuvo que decírtelo, que no hay seguridad, acomodo, buen pasar, ni futuro. Que tú eres la reina de tu propia piel; que tu inviolable libertad solo espera para completarse la de tus compañeras; que lo único que necesitas es una política de la diferencia libremente asumida, una política de los sueños y que “eso”te resulta tan urgente como las gotas de lluvia durante la sequía.

No, nunca ha existido en ti seguridad alguna, solo curiosidad. Aprendiste muy pronto que para despojarse de las dudas ilusorias necesitabas solo la pequeña experiencia que dan los años aprovechados y los por vivir. Y buscaste chamanes y no curas, bardos y no señores, pastores nómadas, recolectores de pereza paleolítica, compañeras y compañeros dulces como la sangre, desnudos como el alif o pintados como los pavos del Campo Grande a contrapelo de una actualidad mortecina y en favor de un ahora siempre sin relojes.

Ahora.

Que es cuando caigo en la cuenta de que solo estás despierta en lo que amas o en lo que deseas justo hasta el horror porque lo demás no es para ti sino mobiliario amortajado, anestesia cotidiana, cagadas mentales y un aburrimiento tan grande como el Gurugú.

De manera que aquí estas, arrastrándote por las grietas, entre las paredes de la iglesiaestadoescuelafábrica, todos esos monolitos paranoicos. Separada de la tribu por una nostalgia infinita escarbas túneles en busca de palabras perdidas, bombas imaginarias y de las otras. Construyendo símbolos que buscan el caos o, al menos, causar una emoción tan intensa como el terror, el asco, la excitación sexual, el asombro o el miedo inspirados en esa inspiración que solo se cría por accidente aun cuando su principal objetivo sea la ingestión de la galaxia.

Sí, que lo sepan: escribes. Conspiras para volverlo todo del revés. ¡Todo! Incluso esas palabras que solo te pertenecen por un rato y que utilizas ansiosa no sea que alguien más venga a robártelas. Escribes.

Lo que no me has dicho nunca es hasta cuándo.

Hablando de libros (II)

(Último cero, 2 Junio de 2018)

El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla”. Isabel Allende.

Las mujeres no lo tenemos fácil. Ni en los libros ni en la vida. Nuestra invisibilidad es tradición y nuestras contribuciones al arte, a la ciencia, a la historia, a la literatura es como si no existieran. Suelen ningunearse.

Claro que decir algo así en esta sociedad de estadísticos y encuestas puede parecer mentira, inverosímil o, más bien, una rabieta de feministas locas. Así que, continuando con el “pecio” de la semana pasada, nos parece interesante seguir investigando, planteando hipótesis y manejando datos concretos que nos permitan sacar conclusiones sobre el tema.

Un temazo.

Y es que quienes han investigado acerca de la presencia de la mujer en el arte (pongamos por ejemplo el MAV-Mujeres e las Artes Visuales) han descubierto, muchas cosas que ya se sabían. Prima: que a pesar de que las mujeres son mayoritarias en las Facultades de Bellas Artes y en las licenciaturas finales, tienen menos presencia e museos, exposiciones, jurados, ferias de arte, premios, etc. Y lo mismo podría decirse en relación con las investigaciones en el mundo de la ciencia, la economía, la medicina.

Frente a este panorama, mucha gente (sobre todo mujeres) se ha interesado por saber qué es lo que pasa realmente en los premios literarios, quiénes ganan más premios, quienes forman parte de los jurados y si se cumplen las leyes europeas y en concreto, la Ley de Igualdad Efectiva[1], y más concretamente todavía los artículos 11 y 26.

Confirmar si tiene base lo que sabemos (desglosado en varios puntos en el art. Anterior) ha llevado a NIEVES ALVAREZ, autora de este estudio a analizar “todas” las convocatorias en los 48 concursos de los que se disponen de datos desde su creación hasta 2016 analizando factores como: poetas, libros premiados, composición de los jurados, implicación en la concesión de premios de las editoriales, nivel de cumplimiento de las leyes europeas y, primer lugar, de la Ley española de Igualdad Efectiva.

Los resultados generales de este estudio son desoladores.

Los particulares, también.

Y para muestra, valga un botón:

PREMIO DE POESÍA “JAIME GIL DE BIEDMA”

El premio Jaime Gil de Biedma está dotado con 13.000 euros que se reparten de la forma siguiente: premio “Jaime Gil de Biedma” dotado con 10.000 euros a cargo de la Diputación Provincial de Segovia y un accésit de 3.000,00 euros, otorgado por Bankia. La publicación corre a cargo de Visor (como ocurre por otra parte, en otras 14 convocatorias de Premios, todos ellos “intervenidos” más o menos por esta misma Editorial).

Las conclusiones son las siguientes:

A lo largo de estos años se han convocado un total de 70 premios. En 3 ocasiones se ha concedido ex aequo lo que hace un total de 73 premios posibles. Se ha suspendido en 5 ocasiones (2 por parte del Ayuntamiento y 3 por parte de la Junta) 10 se han concedido a mujeres (Concha Garcia, Esperanza Ortega Martínez, Clara Janés Nadal, Pilar Blanco, Itziar Minués Arnáiz, Ángeles Mora Fragoso, Elisa Martín Ortega, Amalia Iglesias Serna, Anunciada Fernández de Córdoba Alonso-Rivera y Ana Merino).

El resto, 58 premios, han ido a parar a varones.

Ha habido 272 posibles plazas para participar en un jurado de las cuales 6 han sido ocupadas por mujeres: Elena Santiago (una plaza) Fanny Rubio (una plaza) Clara Janés (2 plazas), Cristina Peri-Rossi (2 plazas). El resto, es decir, 266 plazas han sido ocupadas por hombres.

Los jurados lo han sido, normalmente, más de una vez. Los que más veces han participado (durante 26 años) son dos: Emilio Lázaro (secretario del Jurado) y Jesús Garcia Sanchez (Chus Visor)

Destacar que en este premio hay un pre-jurado, responsable de seleccionar los poemarios que serán sometidos a deliberación del jurado. Su composición es la siguiente:

Presidente: Jesús García Sanchez (Editorial Visor); Coordinador: Gonzalo Santoja Gómez; Secretario: Emilio Lázaro Garrido.

Resumiendo: Las 262 plazas posibles de los jurados han sido ocupadas por 41 personas diferentes, de ellas 4 eran mujeres y 37 hombres.

Ni que decir tiene que en este Premio, El Nivel de Cumplimiento de la Ley de Igualdad Efectiva NO SE CUMPLE. (lo mismo pasa prácticamente con todos los demás). Desde el año 2008, el premio Jaime Gil de Biedma tuvo 94 plazas en los jurados. De ellas, 2 fueron ocupadas por mujeres y 92 por hombres. (8 fueron ocupadas por un secretario sin voto). Asi que si no tenemos en cuenta al secretario por no tener voto, el maravilloso resultado de este sondeo daría la asombrosa cifra de 2 mujeres y 82 hombres.

Ni que decir tiene, que el representante de la editorial (Chus Visor o su “propio”) siempre forma parte del jurado.

O sea.

Por último y como aviso a navegantas caso de que tengan alguna curiosidad por saber los Premios a los que NO les merece la pena presentarse (las fotocopias valen una pasta) sugiero que echen una ojeada a este trabajo:

DESCUBRIR LO QUE SE SABE. Estudio de género en 48 premios de poesía. Nieves Alvarez Martín. Publicado por “Genialogías” y Ediciones Tigres de Papel.

Deseo sinceramente que no se les atragante. 

[1] Art 11 Ley Orgánica “Acciones positivas”

Hablando de libros (I)

(Último cero, 25 Mayo 2018)

Del Informe titulado “DESCUBRIR LO QUE SE SABE. Estudio de género en 48 premios de poesía realizado por Nieves Alvarez Martín de la Asociación Genialogías de Mujeres Poetas y editado por la Editorial Tigres de Papel utilísimo para las jóvenes escritoras que alguna vez hayan pensado, al igual que una servidora, en abrirse paso a través de la selva del mundo editorial y/o el de los concursos poéticos, algunos apuntes:

Este Informe verdadera tesis doctoral a la par que guía imprescindible para mujeres poetas y otras ingenuas es un estudio de género, realizado entre los años 1923 – 2016 a un total de 48 premios literarios de poesía. En estos concursos, se ofrecieron 1578 posibilidades de obtener un premio pero se entregaron realmente 1.468 con una dotación igual o superior a 5.000 euros convocados por entidades públicas y/o privadas sin ánimo de lucro.

Triste pero cierto: según su autora, todas las hipótesis que llevaron a emprender este trabajo se han visto totalmente confirmadas.

Pero ¿Qué hipótesis son esas?

Por orden de aparición, las siguientes:

  • Las mujeres están menos presentes que los hombres en los jurados.
  • No existe paridad en la mayoría de los jurados de los premios de poesía.
  • El nivel de cumplimiento de las leyes europeas de igualdad y de la Ley Española de Igualdad Efectiva es mínimo.
  • En algunos concursos de poesía se producen conflictos que ponen en cuestión su transparencia.

Hipotesis todas ellas confirmadas y más aún. Es decir, este Informe ha confirmado que:

  • Los poetas de género masculino ganan más premios es decir: de un total de 1468premios entregados en 48 concursos de poesía, 257 (el 17,51) fueron concedidos a mujeres y 211(82, 49 {1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6}) a hombres.

+ La poeta que más premios ha obtenido es Maria Sanz, con15 de los 48 analizados en este estudio.

+ El hombre que más premios ha obtenido es José Antonio Ramirez Lozano, con 10 de los 48 concursos analizados.

  • Se confirma que los jurados calificadores están compuestos mayoritariamente por hombres. De las 701 plazas de estos 48 concursos de poesía, 1060 (15,82{1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6}) fueron ocupadas por mujeres y 5. 641 (el 84, 18{1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6}) por hombres.

Por otra parte si solo se tienen en cuenta las distintas personas participantes tenemos que: de las 2.501personas, 481 (el 19,23{1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6}) eran mujeres y 2.020 (el 80, 77{1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6}) eran hombres.

  • Se confirma que no se cumple la Ley de Igualdad Efectiva y que la paridad brilla por su ausencia. Desde el año 2008 ha habido un total de 494 plazas en los jurados de los 48 concursos estudiados, 534 (21,41{1a010c0b819eb89286b51f574512b8cd30b05142d3090a71bcb77ed04d90c3b6}) fueron ocupadas por mujeres y 1960 (78,59). Por hombres. La paridad solo la cubren dos concursos: El Premio Tardor y el premio Miguel Hernandez de poesía joven pero, este último, tampoco la cumpliría si tuviera solo en cuenta a las mujeres que han participado con voto en los jurados.

+ Desde 2008 Los Premios Viaje al Parnaso, Antonio Gala, José Verón Gormaz, Miguel Hernandez y Fray Luis de León no tuvieron ninguna mujer en el jurado.

  • Se confirma, a medias, que las grandes editoriales ejercen un control importante sobre estos premios. Hay razones para pensar que intentan controlar los resultados de los concursos. Esto resulta especialmente evidente en los premios relacionados con la Editorial Visor y en general, entre los 8 miembros que han participado más veces en los jurados de los 48 premios analizados, están siempre los representantes de algunas editoriales.

+ Los hombres que más han participado en los jurados: Jesús García Sanchez (Chus Visor), 181 veces; José Manuel Caballero Bonald, 105 veces; Luis Garcia Montero, 101 veces; Jesús María Munarriz (editor de Hiperión),83 veces; Luis Antonio de Villena, 76 veces; José Hierro, 61 veces; Pablo García Baena, 61 veces y Carlos Marzal,57 veces.

+ Las mujeres que más han participado: Clara Janés, 31 veces; Blanca Andreu, 30 veces; Aurora Luque, 27 veces; Pureza Canelo, 24 veces; María Elvira Muñiz, 15; Josefina Martinez, 14 veces; Concha Zardoya, 10 veces y Juana Castro 8, 8 veces.

  • Por último, se confirma también que en las concesiones de determinados premios importantes suceden cosas extrañas o, al menos inexplicables provocadas por: el incumplimiento de las propias bases del concurso, los desacuerdos entre Jurado y Pre-jurado; porque un miembro del jurado deja de serlo justo para presentarse al premio, la presión de las Editoriales y los casos de plagio. Todos estas “provocaciones” vienen desarrolladas punto por punto en el apartado 6 de este Informe pero creo que para abrir boca con lo dicho hoy tenemos bastante.

Revuelta

(Último cero, 10 Abril 2018)

¿Como es que “el mundo puesto patas arriba” termina siempre por enderezarse? pregunta Hakim Bey.

Respuesta: no tengo puta idea.

Pero sé que las revoluciones se comen a sus hijos. Sé que a las revoluciones sigue siempre la reacción. Sé que esa espiral hegeliana es un círculo vicioso. Asi que propongo algo distinto.

¿Qué tal una REVUELTA? ¿Qué tal una rebelión permanente? Una operación de toma de riendas. Un salto por encima del Tiempo y de la Historia. Un momento prohibido. La negación de esa famosa dialéctica que, hasta ahora, nos ha devuelto siempre al punto de partida.

Sí, ya lo sé: nuestra particular situación histérica (aunque también histórica) no es propicia para asumir un reto tan enorme: ¡La revuelta permanente nada menos! Además, es probable que nada más que un fútil martirio resultaría en estos momentos de una colisión frontal con el Estado terminal, el Estado de las mega-corporaciones, el Estado-Espía, el Estado-Imperio, este asqueroso Estado del espectáculo y la simulación.

Porque todas sus armas nos están apuntando como apuntan los snipers a la población de Gaza bajo los divertidos ojos de los colonos que se trepan a las plataformas de vigilancia para ver de lejos, aunque en primera fila la masacre que su ejército lleva a cabo día tras día.

Sí, todas sus armas nos están apuntando.

Mientras tanto, nuestro escaso armamento no encuentra nada contra lo que apuntar como no sea al fantasma de eso que llaman Democracia bajo cuyo manto y el de sus instituciones ni se cree ni se respetan los Derechos Humanos. O quizá también contra el ectoplasma de una información sesgada, manipulada regida siempre por la imagen de la pasma y el ojo fascinante de la pantalla de la televisión.

Asi que ¿por qué no?

¿Por qué no declaramos el estado de revuelta permanente, una operación guerrillera que consiste básicamente en atacar y enseguida huir con el fin de liberar de una vez por todas nuestra imaginación y con ella, un tiempo, un espacio (por pequeño que sea) antes de disolvernos se enseguida y reconstruirnos en otro lugar o tiempo antes de que el Estado se dé cuenta y pueda acabar con nosotros?

Babilonia es imbécil, está llena de fisuras y de grietas y, a más a más, toma sus abstracciones por realidades (lo dice también Hakim-Bey). Es precisamente en ese margen de error donde caben nuestras tácticas: el rechazo a entrar en el juego de su violencia, el rechazo a su hipocresía, la retirada total del área del simulacro, en una palabra, La Desaparición para desde allí poder “revolverse” más tranquilamente, más efectivamente. Con intuición.

Joyitas

(Último cero, 24 Marzo 2018)

Que la señora Cifuentes sea una mentirosa patológica es algo, digamos, inverificable. Lo sería, es decir, sería verificable si lo suyo se tratase de una cualidad específica (que no lo es) o si ella se hubiera medido a sí misma. Pero resulta que a diferencia (por ejemplo) de Perico los Palotes que se toma por él mismo, la Cifuentes, ni siquiera se toma por la Cifuentes. Es decir, no se toma ni por ella misma, ni por otra. Dice esto o no lo dice o bien dice lo contrario merced de la coyuntura. La Verdad no tiene nada que ver con Ella pues Ella es solo o apenas una política y lo político es hoy de tal naturaleza que sonroja y ha dejado de ser el lugar de la Verdad o ni, mucho menos, de la Excelencia.

Porque, vamos a ver:

¿Cómo pretender que esa trilera – y el equipo de sus cuates – aspire a demostrarnos nada cuando la Juan Carlos es una Universidad en donde nunca existió (recuerden al ínclito Suarez, hijo a su vez de otro Suarez que fue profesor de la nuestra) repito, nunca existió la voluntad o la excelencia necesarias o ni tampoco el proceso de selección y representación que pudiera haberlas hecho posibles?

¿Cómo vamos a querer que una Universidad gangosa aspire a representar la Verdad y la Excelencia para la Comunidad cuando es la misma Comunidad la que carece de la confianza y de la exigencia necesarias para exigir que ambas cualidades sean – SÍ o SÍ – indispensables, no solo en la Universidad sino también, en el resto de las instituciones supuestamente elegidas para representarnos?

Resulta vano, a mi modo de ver, debatir sobre si estas joyitas, (Cifuentes, Rector, Catedráticos) han de ser o no guillotinadas cuando es la propia Universidad quien lo fue hace ya mucho tiempo.

Claro que quizá pueda ser (también) que fuera la misma Universidad la que decidiese – hace ya tiempo – guillotinarse a sí misma renunciando al privilegio de impartir Verdad y Sabiduría (aunque sean relativas) para, a continuación y ya disuelta y anulada en su propia masa, con la cabeza colgando hacernos, sobre todo a algunas, vomitar.

Toca mujer

(Último cero, 23 Febrero 2018)

No solo porque nos revindiquemos como esenciales y tengamos la intención de parar el país el próximo día 8.

No solo porque conozcamos nuestros derechos y exijamos se respeten todos y cada uno de ellos YA, AHORA MISMO.

No solo porque hayamos descubierto que nosotras, las mujeres, procedemos de nosotras mismas (y no de una costilla) y eso nos fuerce a ir construyéndonos sin maestros, ni gurús y sin pedir permiso a nadie.

No solo porque –parafraseando a Hockney – algunas estamos más que hartas de no poder decir la verdad para así poder decirla”.

No solo porque frente a los trabajos relacionados con las clásicas formas de prestigio (todavía muy masculinizadas) nos hemos dado cuenta de que, frente a la precarización y la obligada abdicación a la que nos vemos forzadas, la práctica cultural se va feminizando de lo que, por supuesto, algunas pensamos aprovecharnos.

No solo porque, conscientes de que los resultados tardarán en llegar, hemos descubierto que HOY, AHORA lo que importan son los gestos, sobre todo los pequeños, los cotidianos, los que – sobre todo – se reflejan en el lenguaje.

No solo porque quienes hemos hecho del lenguaje nuestra forma de vida hemos comprendido que esa tarea nos da también una responsabilidad, la responsabilidad de cambiar el relato, o al menos, intentarlo con el único fin de recordar –humildemente – al respetable público, un par de cosas.

Entre otras:

Que el feminismo, entendido como movimiento de pensamiento y como activismo político ni fue ni debe ser una moda. Que el feminismo fue y debe seguir siendo una herramienta de transformación social, cultural y económica. Una estructura de pensamiento que lleve a una definitiva redefinición de la mujer dentro de las distintas esferas de la sociedad- empezando por la económica – que nos permita la equiparación con los hombres. Que el feminismo – que NO es uno y trino – si se pretende universal tendrá, en primer lugar, que ser “descolonizado” es decir: respetuoso con las mujeres de los otros mundos que buscan, a su manera y a su paso lo mismo que buscamos nosotras. Sin paternalismos ni condescendencias y, sobre todo, sin creer que porque somos blanquitas sabemos más cosas que ellas.

La vida – dice Anaïs Nin – es un proceso de “llegar a ser”, una combinación de diferentes etapas que todas tenemos que atravesar. El fracaso llega cuando elegimos una de esas etapas y queremos quedarnos a vivir allí para siempre. Eso equivaldría a una forma de morir”.

Feliz día 8, compañeras.