Yo Loba 11

por Pilar Salamanca
Loba

Corren malos tiempos. ¿O son como los de siempre, ni buenos ni malos sino todo lo contrario? No sabría decirlo, es apenas una vaga sensación de angustia que me lleva a bordear en cada despertar la sensación de fracaso. Lo siento sin llegar a sucumbir al abandono que supondría para mi negarme a estar, negarme a ser por más que reconozca que esta dolorosa conciencia equivale para mí a un estado de cierta íntima libertad.

Todo esto viene a cuento de los concursos literarios a los que alguna vez me presento con la muy fundada creencia de que estoy jugando a la lotería. Que son una lotería. Y que, aún así, suponen también una oportunidad. Lo que debo decir no me ayuda en lo más mínimo pues la sensación de fracaso es lo único que va creciendo dentro de mí (lenta pero segura) cuando prevalece el NO: que tú no puedes, que no has sido seleccionada, que lo has conseguido, que “casi” pero “no” y que vuelvas a intentarlo. 

Otra cosa son las editoriales, claro.

Esas – algunas muchas – simplemente no saben, no contestan o incluso llegan a decirte que escribes demasiado bien o que eres demasiado literaria para ser comercial.  A veces pienso que este aparente fracaso frente a este mundillo “que entiende” podría ser en realidad una oportunidad de triunfo íntimo, al llevarme a reconocer que necesito apartarme un rato, abandonarme al tiempo vacío y al aburrimiento para reflexionar. Desgraciadamente todo lo que se me ocurre cuando reflexiono es que sería un buen momento para empezar a decir NO y mandarlo todo al carajo. Los concursos, los contactos, las cartas de presentación, las gracias y las disculpas ….

Hay que ser muy tonta o en su defecto muy inconsciente para – a estas alturas – arrancarse con un “no” como si eso no tuviera consecuencias. La primera de todas, la ruptura de los lazos posibles que podrían ayudarte en el futuro a formar una red de apoyo y sacarte de esta nadería. La segunda consecuencia de ese “decir no” sería, claro está, la perdida de visibilidad en un contexto donde una visibilidad dinámica y actualizada constantemente – véase redes y blogs – resulta extremadamente valiosa para quienes vivimos en la inestabilidad de “necesitar ser vistas”. Porque “ser vistas“ es lo que mejor puede ser registrado e inscrito en la lógica de mercado, lo que ayuda a asentar los nombres como “marcas” que, al fin y al cabo es de lo que se trata. De la Literatura ni hablamos ¿para qué?

No me digan que no resulta patético.

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