Yo también

por Pilar Salamanca

Me uniré a la huelga del 8M en respuesta a la violencia visible e invisible experimentada por las mujeres en todos los rincones del mundo TAL Y COMO DICE el Comunicado de la Asamblea Feminista por más que la que subscribe pertenezca “oficialmente” al sector infra-utilizado de las clases pasivas cuya fuerza e incidencia en el desarrollo de lo social o de la vida política no es, precisamente, el ideal.

Con todo, como dice el poeta, me queda la palabra.

Hablemos pues.

Al menos, de lo que una cree que puede hablar un poco, es decir:

Su experiencia educativa como profesora de instituto o, lo que ves igual, de los treinta años más largos de su vida.

Pero antes, permitan que les haga una pregunta (seccionada en partes) que por cierto es la misma que me estuve haciendo yo durante todos esos años por si entre todas, encontramos la respuesta:

¿Cómo es posible que en el Siglo XXI tengamos todavía un sistema educativo donde se alienta la pasividad general sobre todo femenina, se adoctrina a niños y niñas en roles estereotipados y no se considera la mente de la hembra en serio? ¿Cómo logra una mujer conquistar el sentido de su propia existencia en un sistema, (en nuestro caso capitalista y patriarcal) que devalúa el trabajo realizado principalmente por las mujeres (véase la Enseñanza, el cuidado de la familia y cada vez más la Sanidad), reniega de su importancia y calidad y sigue siendo físicamente violento contra las mujeres?

Más preguntas:

¿Cómo podríamos enseñar a nuestras estudiantes a ir más allá del deseo de ser aprobadas por los hombres o de conseguir de ellos “buenas calificaciones” y buscar y escribir (por más que también la lengua nos excluya) nuestras propias verdades que, por cierto, han sido distorsionadas o convertidas en tabú por la cultura?

La única y hasta ahora respuesta oficial es la Coeducación.

Pero no se engañen, si existe un concepto desorientador, es éste. Siempre se ha dicho que, si las mujeres y los hombres están sentados en la misma aula, escuchando las mismas conferencias, leyendo los mismos libros, realizando los mismos experimentos en el laboratorio quiere decir que están recibiendo una educación igualitaria. Pero no es para nada cierto porque el contenido mismo de la educación valida a los hombres del mismo modo que invalida a las mujeres. El mensaje que recibimos es que los hombres han sido los pensadores y constructores del mundo y que esto es en sí algo natural. El sesgo de la educación superior, incluyendo las llamadas ciencias, es también y claramente blanco y macho, racista y sexista. (y si no que le echen una ojeada a los manuales de idiomas o al menos, a algunos de los que a mí me tocó utilizar).

En fin.

Creo, sí, que como mujeres profesoras, podríamos negar la importancia de este contexto dentro del cual las estudiantes piensan, escriben, leen, estudian y proyectan su futuro o intentan trabajar en él. Pero no colaría.

En vez de eso:

Podríamos negarnos a aceptar pasivamente estas condiciones ayudando a nuestras estudiantes a identificarlas y resistirlas discutiendo el contexto no solo en las clases sino en cualquier parte.

Podríamos no aceptar el aprendizaje pasivo y obediente y en su lugar, insistir sobre un pensamiento crítico.

Podríamos – y deberíamos – ser más exigentes con nuestras estudiantes dándoles la clase de “estímulo cultural” que reciben los hombres y en un momento en que el nivel cultural es generalmente bajo, necesitaríamos exigirles más, NO menos, tanto en aras de su futuro como seres pensantes como porque históricamente las mujeres han tenido que ser mejores que los hombres para alcanzar la mitad de lo que ellos alcanzan.

Lo que por supuesto no quiere decir que debamos entrenar a nuestras estudiantes a “pensar como hombres”. Todo lo contrario.

Pensar como mujer en un mundo de hombres significa pensar críticamente, rehusar a aceptar sin cuestionarse lo que les ha sido dado. Significa una crítica constante del lenguaje porque como muy bien dijo Wittgenstein (no-feminista) “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” y significa, como muy bien dice Adrienne Rich, la cosa más difícil de todas: “Empezar a ocuparnos de nuestras vidas”

PORQUE, SIN NOSOTRAS, NO SE MUEVE EL MUNDO

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