El Faradio, Prensa

Las ratas y el barco

La gente de todas partes – y de muy diferentes condiciones – se pregunta dónde estamos. Una pregunta histórica, no geográfica. Qué es lo que estamos enfrentando. Adónde nos llevan. Qué hemos perdido. Qué vamos a hacer, cómo continuar, ya casi sin fuerzas, sin una visión plausible de futuro, inmersos en el caos más tiránico, el más penetrante que alguna vez haya existido y cuyo propósito ubicuo e inubicable es, simplemente, dislocar el mundo entero. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer?

La ignominia comienza al confrontar a una camarilla de fanáticos (deseosos de limitarlo todo excepto su propio poder, el poder del capital), ignorantes (pues no reconocen realidad alguna que no provenga de su fuerza armamentística) hipócritas (siempre dos medidas, una para nosotros y otra para ellos) y tan despiadados como el fanático mayor, el israelí Netanyahu que no solo es principal responsable del genocidio palestino, sino que ha destruido para siempre la imagen de su propio país en el mundo. Resultado: las ratas han empezado a abandonar el barco.

La fotografía, de hace unas semanas, dio la vuelta al mundo. Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, fue captado revisando un pequeño mapa de Sudamérica donde se distinguían claramente Argentina y Chile. No hubo discursos ni declaraciones oficiales. Solo el gesto de observar, en privado, un territorio lejano. Pero en América latina, la imagen activó viejos temores. No era un simple papel: era el viejo fantasma del Plan Andinia.

Este plan surgió en el siglo XX como un proyecto alternativo del movimiento sionista para fundar un Estado Judío fuera de Medio Oriente. La Patagonia, compartida por Argentina y Chile, destacaba por su baja densidad poblacional, sus recursos de agua, gas y minerales, y su lejanía de los conflictos globales. Durante las últimas décadas, los hechos alimentan la alarma:

La empresa estatal israelí Mekorot gestiona sistemas de agua en el sur argentino controlando recursos críticos.

Empresarios como el judeo-británico Joe Lewis poseen más de 14.000 hectáreas en Lago Escondido, con reservas de agua dulce, corredores estratégicos y hasta un aeropuerto privado.

Miles de ex soldados israelíes llegan cada año como mochileros tras cumplir su servicio militar: algunos informes indican que realizan relevamientos de terreno. Los incendios forestales recurrentes han facilitado la compra de tierras estratégicas a precios irrisorios.

Argentina alberga la comunidad judía más numerosa de América Latina, con alrededor de 180.000 personas. Y siguen llegando.

Milei es un demente que firmó un acuerdo militar con Israel en vísperas del ataque de Netanyahu a Irán sin, por supuesto, aprobación parlamentaria.

Oh, sí. Las ratas sionistas abandonan el barco y se buscan un repuesto en la Patagonia.

Pero también les gusta Chipre:

Oh, sí, a las ratas les encantan las segundas viviendas.

Será por eso que en Chipre se está produciendo un creciente movimiento de indignación pública ante el aumento de las adquisiciones inmobiliarias por parte de inversores israelíes, lo que ha provocado advertencias a causa de la existencia de un ‘complot sionista’ para controlar la tierra. En una importante conferencia, el líder del partido AKEL, Stefanos Stefanou, comparó las compras de terrenos con la toma gradual de la Palestina histórica, calificándolas como una amenaza a la soberanía chipriota. Insistió especialmente en que la preocupación se debe al interés nacional, no al antisemitismo, y criticó al gobierno por no regular la venta de propiedades a extranjeros. Los vídeos de las redes sociales han intensificado las tensiones, y algunos israelíes afirman que la isla les pertenece por herencia divina. Oficialmente, viven en Chipre unos 2.500 israelíes, pero se calcula que pueden residir allí hasta 15.000.

El barco se hunde. Las ratas se salvan. El mundo, con la boca abierta y las babas hasta las rodillas, sigue el espectáculo sin mover una pestaña. ¿Quién da más?

Artículo publicado en El Faradio el 06/07/25.