El exterminio

por Pilar Salamanca

El tiempo real es una especie de agujero negro donde nada penetra sin ser antes banalizado. De hecho hasta las muertes de los seres humanos migrantes se vuelven en él virtuales, meras reseñas, noticias virtuales que para la inmensa mayoría carecen de importancia, no les atañen y aparecen sólo en la pantalla de lo virtual: todas las tragedias, todos los muertos, todos los conflictos incluidos el genocidio palestino, el exterminio de los roghinya, en Birmania, la infinita crueldad del campo de refugiados de Moria en Lesbos o la agonía de Sarajevo en su día se hunden a pesar suyo, a pesar nuestro en el mismo abismo virtual es decir, en el abismo de los acontecimientos o hechos que existen mientras existen, y punto.

Sin contar, para decirlo de una vez por todas, que en su sinceridad absoluta los testimonios, así como las películas (en cuanto imágenes que se superponen unas a otras y terminan haciendo callo) NO contribuyen a recuperar esta memoria imposible porque – como bien explica J. Baudrillard el exterminio real está condenado a ese otro exterminio que es lo virtual.

Para entenderlo mejor: si cuando nos referiremos al exterminio real lo apellidamos de la Justicia o de la Solidaridad y recordamos el caso de la propuesta de la Comisión Europea para el nuevo Pacto de Migración y Asilo veremos cómo la cosa adquiere todo su sentido al comprender de un plumazo que – por ejemplo – los migrantes mueren siempre una muerte doble: La primera, cuando caen al mar (o no caen, pero se mueren de hambre dentro de las pateras) y la segunda cuando estos inoperantes funcionarios de mierda de la Unión Europea permiten que los países mas nazis de toda Europa: Austria y a los cuatro de Visegrado (Hungria, Polonia, Republica Checa y Eslovaquia) impongan su retrograda e inhumana política de no-acogida al resto de la Unión.

Al margen de toda humanidad, de toda consideración jurídica o política, hemos visto como el tumor de los nacionalismos mas repugnantes ha ido creciendo – en mi opinión – de manera asombrosa según su propia dramaturgia mediática , según su propio desarrollo en espiral y en “crescendo” hasta invadir de metástasis el cuerpo de la Unión y terminar convertido en un acontecimiento autónomo que eclipsa el acontecimiento real del crimen a saber, la crueldad inhumana de unos seres humanos para con otros básicamente porque pueden y, además, les da la gana.

Ese poder, ese privilegio injustificable segrega su propia verdad sin ninguna relación con la verdad objetiva de los hechos cuyas pruebas, mas abundantes cada día, están ahí, delante de nuestras narices. Un ejemplo: El canciller austriaco Sebastian Kurz, no tendrá que acoger a ninguna persona rescatada en el Mediterráneo que huye de las guerras o del hambre y podrá elegir entre financiar su repatriación o blindar sus fronteras como el demonio mejor le de a entender. ¡Hay que joderse!

Publicado en El Faradio

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