Beirut mish huna
Recorrido en el tiempo y en el espacio por la capital libanesa. La autora confronta con desparpajo y profundo conocimiento los cambios que se han operado en una urbe que es como pocas un cruce de culturas, que ha vivido la guerra Civil y que vive hoy presa de la modernidad y las carencias del desarrollismo económico. Pilar Salamanca, profunda conocedora de la cultura árabe, recorre sus calles y da cuenta de los principales escenarios y edificios, así como de un variopinto paisanaje. Crónica personal, narrada con humor, de un lugar de Oriente próximo en donde nada parece ser lo que ha sido (mish huna).
Críticas
REGRESO A BEIRUT
por Miguel A. Moreta-Lara en su libro «La luna en el espejo»
Pilar Salamanca es una viajera nerviosa, que escribe con aceleramientos, desde un hondo sentir desangelado, con desesperación, casi sin aliento. El encuentro con la antigua ciudad, una ciudad que mish huna («ya no está»), arrasada por la guerra y por la reconstrucción especulativa que ha hecho desaparecer los espacios públicos, le sugiere esta reflexión:
Dice Duccio Canestrini que los lugares arrasados nunca deberían volver a ser como eran antes. En principio, yo estaba casi de acuerdo, pero ahora no sé qué pensar porque al menos en Beirut, donde tan incapaces se han mostrado de mejorar la ciudad, una hubiese preferido que, al menos, la dejasen como estaba.
La forma errática de enjuiciar la ciudad y su historia no deja de sorprender y agradar al lector que solo conoce la ciudad de oídas. Por ejemplo, un apunte filológico sobre las palabras Beirut (raíz cananea b’rt, ‘pozo’) y Líbano (raíz lbn, ‘blanco’) lleva a la autora al color blanco y a la nieve, para a continuación referirse a la «hermosa piel caramelo de los etíopes» que trabajan como sirvientes en la ciudad. Esta visión desnortada, metomentodo, es la marca de la casa y lo que convierte a este pequeño gran libro en una guía peregrina, original y especialísima. Pilar Salamanca, guerrera y crítica, es una viajera apasionada hasta las lágrimas: «Beirut ha sido siempre una ciudad en guerra consigo misma». La autora suda, grita, padece pesadillas. No ahorra andanadas contra la casta exhibicionista de los nuevos ricos, contra los intelectuales, contra los próceres…
Se muestra inmisericorde con los tópicos: «Beirut, la princesa del mar», «Beirut, el París del Próximo Oriente»… Aunque, a seguidas, parece afirmar que es posible que la ciudad haya sido y siga siendo una rareza dentro del mundo árabe, con su cóctel de sectas y grupos sociales y religiosos.
Su incansable fisgoneo da lugar a un reportaje muy personal y siempre divertido. Hilarante es, por ejemplo, la página dedicada a los cirujanos de la hymenoplastia (recomponedores de virgos, a partir de 300 dólares) y a los yonquis de la belleza, clientes del más de millón y medio de operaciones plásticas:
Una cifra increíble, a no ser que las liposucciones, rinoplastias, aumento o disminución de pechos, estiramientos faciales, subidas de glúteos, eyeliners permanentes, fuera la grasa del estómago, fuera el vello de la cara y de otros partes del cuerpo, implantes de cualquier cosa, pelo incluido, etc. Hayan empezado a hacerse en mesas de cocina con la ayuda de robots entrenados a efecto.
La autora confiesa haber iniciado este viaje por curiosidad y por añoranza. Viajar por nostalgia siempre será un fracaso: podremos volver a un lugar, pero nunca conseguiremos regresar a un tiempo, ay, ya ido. Un dolor que se atempera con el aroma de un té con yerbabuena, con el sabor de una rosca cuajada de sésamo (ka’ak) o con el sonido de un lamento de Fairuz. En algún momento concluye: «[…] en el fondo viajamos solo para verificar lo que creemos conocer». Aunque la viajera es una mujer hiperculta, que camina acompañada de una memoria literaria e histórica que se pone a prueba cuando visita el monasterio de Qozhaya o cuando recuenta los últimos 375 cedros del Horsh Arz Al Rab, siempre se mantiene atenta al rumor de la calle.
Así como el tiempo y la maldita guerra han carcomido la ciudad añorada, cuya ausencia (mish huna) llora y canta Pilar Salamanca, las bellísimas ilustraciones que acompañan el libro levantan acta de la actualidad, de la presencia de sus gentes, de sus calles, del hormiguero incesantes, de los objetos vivos, de las ruinas del amor, y uno se acuerda de una canción nocturna de Oum Khaltoum y de un poema del libro Días de lengua roja de esta musafira:
Sueño desvelado.
Bajo las olas del parpado,
Un rabel escala
El cráter de tu garganta.
La lengua almizclada
Agita trémula su aliento
Y se mece
Es la etimología de un beso
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BEIRUT MISH HUNA
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