Lesbos
LESBOS, como tantos otros artefactos literarios mitad poema, mitad noticia de los periodicos con pinturas, dibujos o ilustraciones antiguas nació como un libro de esos que quieren ser “de artista”, para hablar y dejar constancia de algunos nombres, de algunos casos sangrantes. Pero cuando el libro estuvo terminado me pareció que se quedaba corto. Sigue quedándose corto lo mires por donde lo mires pero quizá ahora, con la posibilidad de convertirlo en una pequeña ayuda para LIGHT WITHOUT BORDERS, pueda este trabajo (el mío y el del maestro encuadernador) llegar a tener un poco más de sentido. El sentido, concretamente, de reunir 5000 euros para la ONG Española que hoy trabaja en el campamento de personas refugiadas de Moria, en Lesbos, ofreciendo servicio de oftalmologia y acompañamiento emocional.
LESBOS no es un libro. Es un acto de amor y de respeto a los miles de seres humanos que se ven forzados a abandonar su tierra por las razones que sean. Un acto de amor y de respeto, también, por esas pocas docenas de personas voluntarias que han encontrado, como dice Luz Carmona de LWB, la justificación de su vida en la solidaridad y en el servicio a los demás.
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Críticas
MORIR EN LESBOS
por Miguel A. Moreta-Lara en su libro «La luna en el espejo»
LESBOS (2020) es en realidad un nolibro. Para empezar, solo tiene una página, una larga tira de veinte metros doblada cada 12,5 cm para formar 320 páginas, aunque solo está escrita por una cara, por lo que se reducen a 160 páginas. La tira, doblada como fuelle de acordeón, se pliega y viene metida en una caja de cartón, con aspecto de libro, una edición limitada de 200 ejemplares.
LESBOS reúne fragmentos, fotografías, collages, poemas, citas, noticias de periódicos, cartas, confesiones, definiciones de palabras árabes… Pilar Salamanca trata de contar la inhumanidad y la vergüenza de los campamentos de refugiados y, en concreto, el de Moria, el más poblado e infame de toda Europa.
Lesbos es una isla griega, un icono histórico de esa diseminada cultura clásica, hecha de pequeños grandes nombres: quizá —improbable lectriz— recuerdes algún poema de Safo de Lesbos o de Alceo de Lesbos, quizá aprendiste a calibrar personalidades con Los caracteres de Teofrasto de Lesbos o sufriste los primeros flechazos de Eros leyendo la ardiente historia de Dafnis y Cloe de Longo de Lesbos. Entonces esa isla —donde floreció la poesía—, bañada por el mar de Ulises, era la celebración de la humanidad, de la vida y del placer. Ahora, para los desalentados refugiados que se amontonan en el basural de Moria, es un trozo de la Europa más bárbara, impotente y necrófila.
Los náufragos no apresados/ conversan en un árabe poliédrico/ su libertad bien lo saben/ están solo una mezcla/ de tabaco y de palabras/ pero en Moria bien lo saben/ no pueden subir a las montañas/ ni tomar el sol bajo los olivos/ o ni siquiera/ esperar sin esperanza/ la llegada de al algún bus o un paquebote./ En Moria los recuerdos no sirven de gran cosa/ por más que no haya dique capaz de contenerlos./ Aquí solo caben las sombras, las sombras de las sombras./ y las olas/ que se mueven ya muy lejos/ y sin rumbo.
Trae a cuento Pilar Salamanca pequeñas historias. La de la joven afgana Anadi que se automutila (ya ha intentado suicidarse dos veces): «Se diría que mi propia lengua se hubiese secado, como si el árabe de toda mi vida saliese de mi boca envuelto en algo como escarcha». La de la refugiada bosnia Hanna que se hizo internar en un psiquiátrico para evitar la deportación y en ese hospital ha perdido la cabeza y ya no saldrá. La de tantos jóvenes, mujeres solas, niños perdidos que huyeron de Afganistán, de Siria, de Iraq, de Yemen, de Sudán, de Palestina: sus historias terribles «ya no conmueven al respetable público». Una ducha por cada 506 personas y un retrete por cada 210. «¿El porqué de estas historias? Yo no sé, no sé qué otra cosa podría hacer». Una forma lenta de morir, dice Naim. «Ahora sé que abandoné el infierno para acabar en brazos del diablo», confiesa Rim. Titular de periódico: «El incendio del campamento de Moria deja sin techo a 13 000 refugiados». Nadie, mi nombre es nadie. Nadie es el nombre de los niños que se suicidan. Nadie es el nombre de Liali. Nadie es el nombre del traductor Mohamed. Nadie es el nombre de la modista Rania. Nadie es el nombre del fisioterapeuta Ahmed Al Youssef. Nadie es el nombre del periodista Abdulkader Chukri Jaafar. Nadie es el nombre del antiguo preso político congoleño Michael Tamba. Nadie es el nombre del activista sirio Ahmed Mahmoud.
Testimonios, fragmentos, discursos de Siri Hustvedt, de Susan Sontang, de Ivo Andric, de Maruja Torres (Contarlo para no olvidar), de Adrienne Rich (Sobre mentiras y silencios), quien piensa como mujer en el mundo del hombre:
(…) en todas las descripciones que del mundo nos son dadas por los silencios, las ausencias, por lo innombrables, lo infalible y lo no codificado, porque por ese camino encontraremos el verdadero conocimiento de las mujeres.
Escribe Pilar Salamanca que, para contar Moria, para poder expresar la inhumanidad, lo que va más allá del dolor y el caos, «se necesita acceder a las imágenes poéticas». El artefacto construido por ella es el grafiti mas poético nunca escrito, en el calor de la noche, en la rapidez de la huida para que no te pille la literatura:
Mis pensamientos desaparecen deprisa, deprisa/
Escondo mis pensamientos deprisa, deprisa/
Escondo mis huellas depreisa, deprisa/
Borro mis hellas paso a paso/
Borro mis huellas paso a paso/
Borro mis palabras paso a paso/
Borro mis palabras palabra a plabaras/
Palabreo mis palabras palabras a palabaras.
Reseñas
Revista El Observador – Morir en lesbos y asesinar con versos a unos padres carnívoros

